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Cuidado con los espejos por Roberto Malo

El agente de policía Scott Dodge se lavaba los dientes en el baño de su casa. Mientras tanto, John Leck, conocido asesino de policías, se encontraba forzando la puerta del balcón de la casa de Scott.

Con la experiencia de tantos allanamientos, la consiguió abrir y entró sigilosamente al interior. Echó la mano diestra a la bota derecha y sacó de allí su navaja automática. Con ella, sintiéndose como el ángel de la muerte, avanzó por un pasillo de color malva, hacia las tenues luces que salían de la puerta abierta del baño. Con sumo cuidado llegó hasta el marco de la puerta. Estiró el cuello y vio la espalda del policía. Sonriendo, alzó en el aire la mano que empuñaba la navaja.

Sin embargo, el reflejo del policía que estaba en el espejo vio al asesino. En cuestión de un segundo, tomó la pistola y le disparó seis veces: seis balas se alojaron en el estómago del asesino. Sin comprender, todavía con la navaja en la mano, se derrumbó envuelto en sangre.

Al escuchar el ruido, el policía se dio la vuelta. Cuando vio al asesino, tumbado en el suelo, le dijo: “Lo siento. Ha sido un acto reflejo”.

Un golpe por Jokin Ibáñez

La joyería estaba ya desierta. Txema, con su extraordinario parecido con el consejero de sanidad, bien peinadas las canas, abrió el camino. Joseba y yo, uno a cada lado, le librábamos de todo mal.

La pipa brincaba en mi sobaco. Joseba llevaba la recortada cruzada en la espalda y Txema se encargaba de la bolsa y del martillo.

El propietario, un pimpollo todo reverencias, se nos acercó rompiéndose la espalda al saludar. Seguro que iba a necesitar un buen masaje. ¿Se lo daría la morenaza que se quedó tras el mostrador acristalado?

Txema extrajo el martillo y con un solo golpe montó un lío descomunal. La vidriera estalló en brillantes pedazos, arrastrando gemas, relojes, collares y pulseras. La sirena de alarma aulló, destrozando los tímpanos, hasta la locura. El seco ladrido de la recortada detuvo el impulso del guarda jurado, un tipo guaperas, chulo, joven y, por lo visto, novato. El reverencias cayó al suelo. La tía morena no se calló, chilló.

Otro guarda tripón apareció por la puerta de un baño disimulado al fondo, pipa en mano, la bragueta abierta de par en par, mostrando un calzoncillo amarillento.

Le disparé un par de tiros.

Y fallé.

Pero él no.

 

La paliza de Jesús Lens Espinosa de los Monteros

Anoche me dieron una paliza. No fue una pelea. Fue... eso. Una paliza. Dos tipos me agarraron en la calle, de noche, y me apalearon. Con saña y delectación. No me dijeron nada. Sólo me pegaron.

 

La policía dice que no eran profesionales, que me zumbaron sin ton ni son. No lo entienden. No fueron unos niñatos pandilleros. Ni unos punkies drogados o unos skin heads ahítos de alcohol. Por lo poco que tuve ocasión de ver, eran dos tipos normales y corrientes.

 

No me han robado, no le debo dinero a nadie ni tampoco le pongo los cuernos a mi pareja. No he tenido ningún enfrentamiento recientemente, ni en el trabajo, ni con los vecinos. No he tenido ningún accidente de tráfico y no me he metido en jaleo alguno. Ni la cosa más simple. No milito en partido político u organización alguna y jamás me he presentado a ninguna elección. Soy un ciudadano normal con una vida normal. Y corriente.

 

Y aquí estoy. Insomne. Incrédulo. Inconsolable. Con dos costillas fracturadas, un desprendimiento de retina, los riñones machacados y sorbiendo zumo a través de una pajita. Porque anoche me propinaron una salvaje golpiza y aún no entiendo el porqué.

 

 

La casa de los detectives de Fernando Cámara

De noche. Los balcones de los detectives están abiertos, los fluorescentes y los flexos de cada despacho encendidos. Llevan informes de acá para allá; los revisan, meditan, se miran... Toquetean la punta de sus corbatas mientras se susurran datos y fuman unos cigarrillos que reparte el más joven.

 

Uno de ellos, con bigote poblado y chaqueta prieta, repasa en su mesa los papeles que algunos le dan ayudándose de su bolígrafo, a modo de puntero. De vez en cuando alza el brazo y alguien le obedece trayendo cosas. Éste debe ser el jefe de los detectives.

 

Uno de los investigadores se recoloca las mangas de la camisa, se pone la chaqueta y se echa a la calle tras ajustarse el sombrero en el portal. Mira la dirección que le apuntó el jefe en un sobre roto y marcha sorteando las últimas goteras de la lluvia. Seguramente acabará forzando la puerta de alguna pensión de mala muerte para obtener las pruebas definitivas del caso.

 

Silencio.  

Madrugada.

Maúlla un gato.

Aparca un coche.

Risas en el bar de abajo.

Los detectives se retiran.

Se desnudan los percheros.

Los niños ya se han dormido.

Y yo también. Y sueño que es de noche.

Punto de mira de Juan Maria Bravo

Nunca llegarás a nada decía la cabrona de ella. Nunca llegarás a nada.

Tendría que verme ahora subido en lo mas alto, todo el mundo pendiente de mí, pero se murió la hija de puta antes de poder darme revancha. La metástasis se la fue devorando poco a poco hasta consumirla.

  Se lo merecía.

  Durante veintisiete años estuvo jodiéndome la vida con el cianuro que escupían sus palabras impregnadas de asquerosas babas.

   Tendría que verme ahora la hija de puta. Disfrutaría contemplándome en todos los noticieros, estoy seguro. Apartaría el desprecio habitual de sus ojos negros para dejar un hueco al orgullo. Eso sí, nunca reconocería que tuve mas cojones que Espartero para hacerlo.

   Como disfrutaría la hija de puta viéndome aquí arriba enfocar por la mira telescópica de mi Súper Match a alguno de sus conciudadanos, esos mismos que ella odió con tanto rencor. Los mismos que acabaron matando a mi padre y me condenaron a vivir cada uno de los días de mi asquerosa vida salpicado por  el veneno y la ponzoña del resentimiento.

   Ahora desde el campanario espero abrir sus pensamientos con un cartucho para cada uno de ellos. Gastaré todos, menos uno.  

Como disfrutaría mi madre.

La esfinge de Monica Sacco

La miro y me devuelve la mirada con indiferencia de esfinge. No la esfinge egipcia, faraónica y viril, sino la tebana, femenina y devoradora de hombres. Su belleza me conmueve. Su crueldad, también. Su languidez engaña. Su pereza es sólo fingida. Simplemente, espera el momento de actuar con la confianza en sí misma que la caracteriza.

Nunca ha fallado. Es eficaz y certera. No se ensaña inútilmente y la admiro por eso. Podría ser mucho más violenta: conozco sus instintos. Pero sabe refrenarlos al momento de los hechos. Es perfecta. Le sonrío. Ella sabe porqué. Vuelve a mirarme y sus ojos me dicen que será pronto. Ya quisiera yo tener su arte. Por eso la elegí: por su perfeccionismo. Sé que disfruta del instante supremo de matar y eso me da escalofríos. A veces me cuestiono los porqués de no hacer yo mismo su tarea. ¿Cobardía? ¿Asco? ¿Miedo? Sólo sé que prefiero que ella se encargue. Es lo mejor para los dos. Ella mata por mí, yo pago por sus servicios. Es un buen arreglo. Ah, ya se apresta. Cada músculo de su bello cuerpo es parte de una sinfonía negra. Allá va. Espera. Acecha. Mata. Regresa. Mi gata negra.

Es muy fácil de Francis P. Fernández

El hombre bajó del tren arrastrando el maletón con estrépito. Atrayendo miradas curiosas, jocosas o bovinas. Rehuyendo las ayudas indeseadas; indeseables.

 

Se quedó allí plantado esperando la llegada de uno de los mozos y, sin mediar palabra, le indicó el camino de la consigna. Allá llegaron envueltos en las vaharadas de vapor y escándalo que inundaban el anden.

 

Una propina bien medida, justa para la salvaguarda del anonimato.

 

El empleado de la consigna, acostumbrado a los bultos pesados, a los viajeros sin rostro, se limitó a pesar el maletón, proceder al cobro, actualizar el estadillo y cumplimentar el recibo. Segundos después de que el cliente saliera ya habría sido incapaz de recordar su aspecto. Otro más.

 

Llovía a cántaros.

 

El hombre, tras quemar el recibo en el interior de los servicios, cruzó a buen paso el vestíbulo atestado de la estación y se arrebujó en el interior de la gabardina antes de zambullirse, de disolverse, en la cortina de oscuridad y agua.

 

Dentro del maletón, al fondo de la consigna, los pedazos de la víctima, bien desangrados y envueltos en papel de estraza, esperaban la hora del alumbramiento. Torso, brazos, piernas, pies, pero no manos y tampoco cabeza.

 

Qué fácil.

Defensa Propia de Pedro de Paz

La luz azul de los rotativos destella sobre las paredes del callejón. Los agentes deambulan de un lado para otro alrededor del cadáver. El inspector Tejada aspira una calada de su cigarrillo mientras observa la escena apoyado sobre uno de los coches patrulla. De las ventanas próximas llegan los ecos de un saxo cuya ejecución perpetra alguien poco avezado. Harlem Nocturne de Earle Hagen. «Mierda —piensa Tejada—, desde la serie Mike Hammer todo el mundo se cree con derecho a destrozar la puta canción».

 

—Tres disparos. Dos en la espalda y uno en la cabeza. A quemarropa —anuncia Alonso sin la menor emoción.

—No —musita Tejada.

—¿No?

—No. Pondrás que fue a varios metros de distancia. Yo alegaré defensa propia.

 

Alonso sonríe con desgana.

 

—Los de la espalda van a ser difícil de justificar.

—Me da igual. Rellena el informe y pon lo que te he dicho.

—Pero…

—Ni pero ni hostias. Ese no volverá a poner la mano encima a ningún otro niño.

 

Tejada abre la cartera y contempla las fotos de sus dos hijos. Luego, alza la mirada para posarla con desprecio en el cuerpo derrumbado en el suelo. Quizá haya sido, en efecto, en defensa propia.

 

 

 

Carretera vacía de Juan Ignacio Colil Abricot

Lo primero que vi fue su rostro. Tenía una mancha de sangre que lo cubría casi entero. Estaba fría. Me levanté asustado, temblando. Al acostarme ella estaba muy lejos de mí. De hecho lo nuestro había terminado. El sol anunciaba una mañana calurosa, sofocante. No tenía razones para explicar su fría presencia. Con mucho cuidado la envolví en una alfombra. Pensaba en ella, en su sonrisa, en sus ojos y también pensaba en la alfombra que ella me había regalado en un arranque de amor textil. Como pude la subí al techo del auto, la amarré y salí tratando de no levantar sospechas. Anduve durante horas, siempre dirigiéndome al sur. A ratos  me olvidaba de ella. Sabía que tenía que buscar un camino lateral y luego otro más pequeño hasta encontrar el sitio perfecto para abandonarla. Pensaba en su rostro, en las últimas palabras que me había dicho y no lograba entender como había llegado hasta mi cama, a mi lado, quién le había hecho eso que no me atrevía a nombrar. Me estacioné para cargar combustible y aproveché de ir a un baño. Fue cosa de minutos. Al volver alguien había robado mi alfombra. Regresé por una carretera vacía.

 

Nunca cambiaré por Ricardo Bosque

Mi sexta víctima de la tarde está, literalmente, pegada a la pared, paralizada por el terror que le provoca haber visto lo que acabo de hacer con sus hermanos. Con ellos no he tenido compasión aunque tampoco he querido ensañarme. Simplemente era su destino, así que tampoco pretendía  hacerles sufrir innecesariamente.

 

Es el más pequeño de todos. Quizás por eso, el más escurridizo y el que más resistencia opone. Lo sujeto por el cuello con firmeza, para que no dude acerca de quién manda aquí. Me mira, incapaz de hablar, pero a su manera me implora que no le haga daño. No le sirve de nada.

 

El primer golpe le cae en la cabeza sin que tenga tiempo para reaccionar. Apenas tiene fuerzas para gritar cuando le cae el segundo, luego el tercero... Ya puedo soltarle, está claro que no va a volver a moverse y me dedico a rematarle a placer. Cuatro, cinco, seis golpes y la faena esta concluida.

 

Dicen que no tengo remedio, que jamás seré capaz de reinsertarme, que por mucho que me encierren en la caja de herramientas nunca cambiaré.

 

Pero, qué quieren que les diga, ya lo cantaba Pedro Navaja: si naciste pa' martillo...

Un Concurso Criminal de José Javier Abasolo

Un concurso. Doscientas palabras para matar. En un blog dedicado al género negro. Un problema: los concursantes. Muchos, seguro. Muy buenos, posiblemente. Y muy vagos, doscientas palabras no cansan tanto como doscientos folios. Resumiendo, muchos competidores. No, rectifico, muchos enemigos. Demasiados.

¿Quiero ganar? Sí. ¿Va a ser fácil? No. Conozco el blog, sus lectores saben lo que es el crimen, lo que es acechar en la noche para dar el último y definitivo golpe.

Hago labor de espionaje. Les veo, les leo. José Andrés Espelt. Pedro Avilés. En otros momentos podrían ser amigos. Ahora estorban.

Recibo un chivatazo. Me hablan de Ricardo, Jesús, Fran, tal vez Joserra y Ezequiel, Irene o…, mejor no seguir, me deprimo.

¿Difícil? Sí. ¿Imposible? Se trata de crímenes, ¿no? Sí. ¿Y quién sabe mucho de crímenes? ¿Tú? Sí, yo. ¿De ficción? Sí, pero, ¿dónde está el límite entre ficción y realidad?

Una única posibilidad. Matarlos a todos. Tengo los modelos: Raúl, Andreu, Ledesma, Montalbán, muchos más. Paso a la acción. Uno a uno van cayendo todos. No saben lo que ocurre, simplemente mueren. Creían que era un juego. Y lo era. Mortal.

Los he matado a todos. Con doscientas palabras letales. La victoria es mía.

La muerte de Amalia Sacerdote de Andrea Camilleri

La muerte de Amalia Sacerdote de Andrea Camilleri

Esta semana nos llega a las librerías una de las novelas más esperadas de este año, os dejamos la sinopsis:
Michele Caruso, director de la RAI en Palermo, se niega a que el auto de procesamiento de Manlio Caputo, hijo del lider de la izquierda siciliana y acusado del homicidio de su novia -Amalia Sacerdote, hija a su vez de un notable diputado del partido rival-, abra el informativo regional de la tarde: "Esta historia es peligrosa para todos, también para quien debe dar la noticia". Y es que "una pura y simple noticia de sucesos" no es pura ni simple en Sicilia, en donde política, mafia y familia conforman una red tan sólida, que hasta la justicia y el periodismo -los dos escenarios en los que transcurre esta magistral novela- están a su servicio. Y en la que unos y otros confabulan, no para encontrar la verdad, sino para esconderla.

La muerte de Amalia Sacerdote no es sólo una novela sobre la corrución politica, sino también sobre la fidelidad al orden esablecido: los títeres del la televisión, la farsa de los abogados, el farol del fiscal, la desaparición de las pruebas, el misterioso amante de Amalia Sacerdote... y, por supuesto, el alto precio de negarse a mirar hacia otro lado.

Ganadora del II Premio RBA de Novela Negra.

Denuncia de una coma de Sergi Álvarez

La denunciante es una coma que trabaja a horario completo en una novela policíaca de escasa calidad y bastante éxito

La denunciante ha declarado que estando en horario de trabajo fue empujada por la espalda cayendo de bruces sobre el suelo de la página Que primero pensó que había sido un accidente pero que al volverse pudo comprobar que era seguida por unas comillas y que estas además se estaban burlando de ella

La denunciante añade que presentó la queja correspondiente a la autoridad competente en concreto a la dirección de la editorial y que no sólo fue ignorada sino que su situación se agravó al repetirse la misma escena en la siguiente lectura y darse cuenta de que esta vez las comillas venían acompañadas de un grupo de vocales y consonantes en actitud intimidatoria que en su conjunto formaban la siguiente oración

“ha llegado tu hora, puta”

La denunciante se siente acosada y amenazada y a la espera que este expediente llegue a los tribunales ha sido sustituida en su puesto de trabajo por el punto y final de la presente que siempre quiso trabajar en una novela policíaca buena o mala en vez de en una aburrida denuncia,

Sixteen Tons de Pedro Avilés

Entró una vez más en el salón repleto de dolientes y observó el ataúd con la chiquilla dentro. Tan bonita. Que hijo de puta tan grande el que quebró sus huesos tiernos, aquel que holló sus carnes, sus redondeces impúberes, sus huequitos mórbidos. La luminosidad del traje de comunión con que la había amortajado su madre transmitía a su carita un halo de paz serena; la muerte, pensó con horror. El día pintaba oscuro. Es lo que queda de toda una noche de vela.

— ¿Qué dice la Policía? —preguntó alguien por preguntar algo.

— Nada —contestó él, compungido. Cuanto más cercano a la niña se estaba, con más conmiseración le miraban a uno.

— Es la hora —añadió, sintiéndose como Ernie Ford.

— Ocúpate, Manuel —le autorizó el padre de la occisa, su amigo más íntimo.

Le indicó al de la funeraria que tapase el ataúd. La madre gimió queda, discreta, ausente.

En el cementerio, Manuel suspiro con el chirrido del ataúd entrando en el nicho tenebroso, las manos a la espalda. Esto facilitó la maniobra del funcionario de Policía con los grilletes. Se volvió, le miró a los ojos. Eran negros y dulces. Ese hombre le había quitado dieciséis toneladas de encima.

 

Crisis inmobiliaria de José Andrés Espelt

No existe el cariño ni la amistad cuando has realizado un buen trabajo.

El dinero lo puede todo, incluso el amor de una mujer. Javier no lo pensó dos veces en descargar todo su cargador de una 18 a su “cari”. Muerta valía más que viva.

No le tembló la mano al liquidar a Manu, su hermano, ni tampoco al Flecha, su amigo.

Lo único que no le gustaba era cavar con una pala un gran hoyo para esconder los tres fiambres.

Pensó por primera y última vez. Vio un enorme agujero, que se tendría que cubrir de hormigón. No dudó. Arrastró los cadáveres y los lanzó al fondo de aquel medio pozo.

Encendió la hormigonera, y recordando sus tiempos de mozo se manchó sus manos con cemento, agua y arena. Cuando estuvo lista la pasta, lanzo un crucifijo de madera y rezó por sus almas perdidas. Inmediatamente dirigió el canal de la hormigonera hacia el agujero y los cuerpos desaparecieron en varios segundos. Sus vidas eran el pasado y él tenía presente.

Sabía que tardaría en secarse. La empresa constructora estaba en suspensión de pagos, y si alguna vez cimentaran de nuevo, esa fosa quedaría olvidada en la memoria.

Las 200 palabras de Novelpol

Las 200 palabras de Novelpol

Empezamos un concurso "Las 200 palabras de Novelpol".

En ese límite tendremos que construir un cuento-relato de género negro-criminal. Cada día se publicará en el Blog el que se reciba o reciban. El premio los 5 mejores libros de lengua castellana de 2008. El final del concurso lo vamos a fijar el 31 de Diciembre de 2008.

Para enviar la dirección electrónica será: crucedecables@gmail.com

PD. No valdran ni 199 palabras ni 201. 200+Título y autor.

Enhorabuena, y ahora pondré un ejemplo en el siguiente post, que no entra en concurso.

Mucha Suerte

Premio Carvalho 2009, Michael Connelly

Premio Carvalho 2009, Michael Connelly

El Premio Carvalho 2009 irá a las manos del creador de Harry Bosch, Michael Connelly.

Este galardón honorífico a la trayectoria de autores de novela negra, se creó como punto clave de las jornadas literarias y festivas BCNEGRA, y que sin duda es un recuerdo presente al escritor, MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN que dio a conocer BARCELONA a todo el mundo, mediante sus novelas, con y sin Pepe Carvalho.

Estas jornadas se celebrarán en Barcelona del 2 al 7 de Febrero de 2009. Como anticipo podemos citar una exposición que se encargará de las novelas a duro. Un punto álgido será el homenaje a la célebre revista de sucesos, EL CASO. Exposición y la posible presencia del creador, Eugenio Suárez, que ronda la friolera edad de 90 años. En próximos meses descubriremos los otros secretos que nos guardan todo el equipo del Comisario del Evento, Paco Camarasa.

Dejamos una foto de la última visita de Michael Connelly a Barcelona este mismo año, para la presentación de Echo Park. En noviembre en librerías, la nueva novela “El Observatorio” en Roca Editorial.

Mala Vida de Carles Quílez

Mala Vida de Carles Quílez

Una novela real como la vida misma, a veces muy cruda, otras veces más agradable.
Si existe actualmente una persona totalmente preparada para construir una novela-documento es Carles. Ha tenido la habilidad de codearse con individuos de diversas raleas, pero a la vez con agentes, que han sabido reflejarle, que en una columna lateral de un periódico y con unas simples anotaciones, no se soluciona un caso complicado, que requiere un protocolo, mucha información y demasiadas horas de seguimiento.
Aquí, resume siete historias diferentes que marcaron un hito en la delincuencia en este país. Como si fuera un simple observador, deja que se expliquen, que narren esos sentimientos en que diversas personas se jugaron la vida y otras la perdieron.
Mala Vida, es un combate entre la ley y los bajos fondos, estos últimos, en la mayoría de los casos son los auténticos perdedores.

Atracadores sin escrúpulos y sin cabeza, toxicómanos, timbas millonarias, policías de vieja escuela, puticlubs de superlujo, etc.

Una crónica negra de una época oscura y que aparece una Barcelona nocturna desconocida y que transformaba la política a base de dinero.

Un trabajo periodístico, pero con sentido y sobre todo con la honestidad que pone en todo momento su autor.

Creo que necesario hacer dos menciones que resultan imprescindibles para llevar una lectura concordante. Primero el prólogo de Carles y después el prólogo del lector.
En ambos, encontraremos claves necesarias que nos servirán más adelante. Después de cada capítulo, un amigo o compañero dedica unas palabras al caso que hemos acabado de leer.
Mala Vida, es la historia real de asesinos y atracadores. Personalmente, novela de premio futuro.

“Ya sé que me he vuelto un psicópata pero con esta puta vida que he llevado… ¿Qué quieres? - Germán Delgado -

Por José Andrés Espelt

Largas noches con Flavia de Amir Valle

Largas noches con Flavia de Amir Valle

Leer un libro de Amir Valle es jugar a la ruleta rusa emocional, sabiendo qué, hagas lo que hagas, perderás.

   Ninguna novela de este autor cubano ha dejado indiferente a nadie, desde la sobrecogedora Las puertas de la noche, al penúltimo premio Novelpol Santuario de sombras, el interés, tanto por lo que se ve como por lo que se intuye y la emotividad se convierten en temas transversales de sus escritos que a lo largo de las páginas conforman una carga de profundidad ante la cual hay que ser muy imbecil para mantenerse al margen.

   Este último año ha sido prolífico para él, al menos a nuestras manos han llegado tres títulos, Las palabras y los muertos, Tatuajes y Largas noches con Flavia de variada trama, pero con un denominador común, el trasfondo denigrado de una de las islas más bellas del mundo, a la que Amir, como una relación amorosa inacabada, recurre una y otra vez para vomitarnos magistralmente su dolor con una de las narrativas mas impecables y maduras que podamos encontrar en la actualidad.

   En esta ocasión volvemos a encontrarnos con esos dos personajes tan pulidos que su cercanía nos abruma y sentimos sus dolorosas decisiones como nuestras, el detective Alain Bec y el viejo Alex Varga.

   En esta quinta entrega de la serie, el alcalde de la marginalidad no necesita al joven teniente de policía para aclarar ningún tema personal como el que les llevó a los dos a afianzar su inquebrantable amistad a consta de descubrir dolorosamente quién estaba detrás del asesinato de Patty, la hija del negro Varga y amante ocasional de Alain, en Sí Cristo te desnuda.  Esta vez estos dos polos en teoría, antagónicamente opuestos, se necesitan para descubrir quién está detrás del degollamiento de tres jóvenes españoles que actuaron como mulas, es decir, que alquilaron sus estómagos para introducir droga en la isla. Algún error debieron cometer y por eso de los cuatro españolitos que iniciaron la aventura la única superviviente es Flavia, una rubia madrileña a la que tanto Alain como Alex se ven obligados a proteger hasta su vuelta a España.

   Evidentemente para proteger a la muchacha y de paso su ética, no desarrollaran una labor pasiva, mas bien al contrario, como dos perros cazadores ávidos de presa, cada uno en su área de alcance, cruzará de puntillas por el horror de un mundo donde el narcotráfico, la prostitución y la corrupción vuelven a devolvernos un oscuro y repugnante espejo en el que si no es por escritores como Amir no veríamos reflejados los males mas enfermizos de nuestra maravillosa sociedad del bienestar.

   Al final llegarán al quid de la cuestión, cómo no, y todo se resolverá con ese estilo que sólo Amir sabe poner en juego para instruirnos moralmente y dejarnos tocados deseando que en la siguiente entrega de la serie, el mundo que pueblan todos sus personajes sea más esperanzador y menos amargo.

   Puede que en esa nueva entrega de las dos que quedan de esta serie, Camila no vuelva y se quede en la Yuma, que Alain deje la policía por alguna mala jugada o que quizás el viejo Alex muera o pierda su cuota de poder que vendría a ser lo mismo, yo no lo sé y me gusta no saberlo porque así podremos disfrutar nuevamente de la exquisita narrativa de un autor tan revelador como necesario.

 

Largas noches con Flavia.

Amir Valle, 2008.

Editorial Almuzara.

Por José Ramón Gómez

.38. Número 2. Septiembre de 2008

.38. Número 2. Septiembre de 2008

Como prometíamos en junio, llega el otoño y con él una nueva entrega de .38, la revista digital de La Balacera.
Un número que arranca con un artículo sobre Thierry Jonquet firmado por Noemí Pastor (culpable declarada del blog
Boquitas Pintadas). Para que no decaiga, Carlos Salem (ganador esta última Semana Negra del Silverio Cañada a la mejor primera novela negra con Camino de ida) nos regala un relato inédito en el que se aprecia claramente la marca de la casa; nuestros sospechosos habituales no sienten pudor alguno en responder a cuestiones íntimas en el correspondiente interrogatorio; Camilleri es el protagonista de los Matarratos y Matarratas; y las consabidas novedades editoriales, DVD, reseñas, perlas ensangrentadas, chivatazos...
Y para terminar, el imprescindible Juan Ramón Biedma (ganador del Premio Hammett 2008 a la mejor novela negra y El imán y la brújula, galardón compartido con otro de nuestros favoritos, Leonardo Oyola, con Chamamé) relaciona en un mismo artículo a las cucarachas con la censura.
Dónde?
Aquí. ¿Cuándo? Ya mismo, para qué esperar.
Podría haber más contenidos, pero ¿mejores? Lo dudamos sinceramente.
La Banda del 38.