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23/06/2008

"La última fosa", de Alejandro Gallo, por Guillermo Orsi

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Cada nuevo libro de Alejandro Gallo me sorprende. A diferencia de autores que arman su carpa y se instalan en ella luego de cavar trincheras a su alrededor -léase un estilo propio o copiado, un personaje que se repita y les asegure los garbanzos del guiso diario, un esquema narrativo que no dé sorpresas-, Alejandro Gallo experimenta, se mueve de un lado a otro o inventa los propios sitios desde los cuales contar, de maneras distintas pero siempre atractivas, sus historias.


En La última fosa, su personaje Ramalho da Costa emprende una investigación que le atañe personalmente, pero no lo hace en soledad sino estableciendo una pintoresca y muy divertida sociedad con el Coronel, un decrépito que, anclado en sus tiempos revolucionarios de la década del ´30, obliga a Ramalho a mirarse también en el espejo del pasado.


El tono liviano, por momentos de comedia, alivia pero no distrae de un tema que hunde sus raíces en la ominosa represión del fascismo. Si en Caballeros de la muerte los pasos de la venganza podían oírse en las entrelíneas del texto como en una acera desierta, en La última fosa todo parece diluirse en el tono de deliciosa picaresca que la literatura española ha cultivado desde el siglo diecisiete. Nada más engañoso, sin embargo. La tragedia de un tiempo cuyas heridas siguen abiertas es abordada por Gallo con la perplejidad y el espanto de quien se asoma al escenario de un crimen que se está cometiendo. Testigo fiel pero también comprometido con una causa inmune al olvido, el narrador despliega su arte animando a Ramalho y al Coronel en un viaje que, bajo el disfraz de un leve paseo por alguna fragante costanera pueblerina, despliega en el desenlace de la novela su verdaderó carácter de travesía por los infiernos.


La Revolución del ´34 ha encontrado en Alejandro Gallo algo más que un cronista. Negra y chispeante como un fuego en la tormenta, La última fosa estalla en la sensibilidad del lector menos avisado, comprometiéndolo en una lectura vertiginosa pero intensa hasta la última página. Y si lo más importante a destacar es el talento de su autor, no lo es menos señalar que la historia de la España combatiente y revolucionaria ha encontrado en Alejandro Gallo a un narrador consecuente de la epopeya de su pueblo.

 

Guillermo Orsi

23/06/2008 18:45 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

26/05/2008

Retrato de familia con muerta

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Si empezamos esta reseña diciendo que la nueva novela de Raúl Argemí, Retrato de familia con muerta, publicada por Roca Editorial, ha sido galardonada con un premio literario, no creo que vaya a sorprender a nadie. Porque, hasta la fecha, todas las novelas de Raúl que se han publicado en España se han llevado alguna distinción. A estas alturas, es difícil recordar todos los galardones atesorados por uno de los narradores más potentes, sugestivos, duros y comprometidos de las letras escritas en castellano.

 

La nueva novela de Argemí ha ganado uno de los premios más jóvenes de nuestro panorama literario, pero también uno de los más prometedores y mejor considerados entre los aficionados a las letras policíacas: el Premio Internacional L´H Confidencial de Novela Negra.

 

Si el año pasado, la primera edición del premio recayó en Joaquín Guerrero-Casasola, un mexicano afincado en Barcelona que contaba el Distrito Federal más caótico y sinsentido; en esta ocasión ha sido un argentino, igualmente afincado en la ciudad condal, el que ha contado la realidad más sangrante de una Buenos Aires salvaje que, contra lo que el uso de tales adjetivos pudiera hacer presuponer, no acontece en las Villa-miserias de los arrabales ni está protagonizada por pandilleros drogadictos o representantes del lumpen más tirado y miserable.

 

Retrato de familia con muerta se desarrolla en lo que se conoce como un country, una especie de urbanización privada, enrejada y protegida por guardias de seguridad en que no está claro si las grandes y costosas medidas de seguridad persiguen que los malos no entren... o no salgan.

 

Porque, ¿quiénes son los malos en la novela de Argemí? ¿Y los buenos? De los mejores hallazgos de la novela es la denominación de “los inocentes”, aplicada a esas personas que siempre parecen estar por encima del bien y del mal, vestidas de impoluto blanco nuclear, bien peinadas, guapas y siempre ataviadas para la ocasión. Los inocentes, protagonistas y artífices del viejo aforismo: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”.

 

Ella, en el caso que nos compete, es una señora de la alta burguesía. Pero podría fácilmente ser un trasunto de la democracia, en general, de la esperanza en un mundo mejor. Del futuro de un pueblo, de un país, encerrado y rigurosamente vigilado y controlado para que no se desmande.

 

Contar de qué va Retrato de familia con muerta no es necesario. Podríamos decir que es una novela negra que encantará a quienes no son especialmente aficionados a la novela negra ya que, pocas veces el “quién lo hizo” tiene tan poca importancia. Una novela negra en que la investigación llevada a cabo por un juez insobornable y hasta cierto punto trastornado, adicto y enganchado a su obsesivo trabajo sirve para mostrar los entresijos de una sociedad neocapitalista en que quedan puestas de manifiesto la contradicciones de las teóricas socialdemocracias modernas, que fomentan unos sistemas cada vez más clasistas y exclusivistas.

 

Y todo ello narrado con el estilo fragmentado, los capítulos cortos, la multiplicidad de puntos de vista, la ironía y el brío habitual de un Raúl Argemí que, efectiva y posiblemente, haya escrito su obra maestra. Hasta el momento. Porque no dudamos, ni por asomo, de que su novela del año que viene será mejor que ésta y peor que la del año 2010.

 

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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26/05/2008 11:16 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

28/04/2008

Camino de ida

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CAMINO DE IDA

Carlos Salem

SALTO DE PÁGINA

 

No sé, querido lector, en qué onda literaria te mueves. No sé si eres uno de esos sufridos lectores, capaces de aguantar que el protagonista de una novela tarde quince páginas en subir unas escaleras mientras medita sobre el ser y la nada o, al contrario, eres un fuguilla al que le encanta que pasen cosas en los libros.

Muchas veces, desde este lado del teclado, no sabemos cómo ni a quién nos dirigimos. Entonces, podemos escribir que “Camino de ida”, de Carlos Salem, es una novela cojonuda y, quizá, si eres de la facción plúmbeo-lectora, te mosquees conmigo y me consideres una persona frívola, poco seria e indigna de ser tomada en cuenta.

Porque en cuanto cruzas las primeras páginas de “Camino de ida”, publicada por la editorial Salto de Página, y transitas de la Argentina de 1911 al Marrakech del siglo XXI, te das cuenta de que estás ante una novela distinta, una novela espídica, loca, salvaje, libertaria, caótica, hilarante, demencial y, sobre todo, una novela fantástica. Una novela mestiza en que se mezclan géneros, paisajes y personajes. Una novela que transcurre en tiempos imposibles para convertirse en una feliz ucronía. Una novela global en la que los viajes, el fútbol y los traficantes se dan la mano en una trama imposible cuya lectura se hace ineludible y obligatoria.

Me lo había advertido Cristina, lectora voraz poco dada al elogio desmesurado: “Ten en cuenta que, cuando empieces a leerla, te quedarás sin vida social hasta que la termines”. Y tanto que sí. Una novela para leer de un tirón, dejando descoberturizado el teléfono móvil y poniendo el cartel de “No molesten” en la puerta de casa.

“Si hay miseria, que no se note”. Bajo esa premisa, un calzonazos llamado Octavio, que cree haber matado a su mujer en un hotel de Marrakech, iniciará una vertiginosa carrera delincuencial que le hará transformarse en el héroe proteico y desfacedor de entuertos que todos hemos querido ser alguna vez en nuestra vida. En su huida hacia delante, coincidirá con Soldati, un empresario y guerrillero argentino que se encuentra en una encrucijada, al haber fracasado su último negocio: vender helados en el desierto. Y entrará en escena un tal Charlie, hippie sesentón con una idea fija en la cabeza: cobrarle una deuda de honor al mismísimo Julio Iglesias.

Sí. Con esos mimbres se puede construir una novela. Hace falta, eso sí, sentido del humor y talento a raudales. Y de ambos está bien sobrado un Carlos Salem que, en “Camino de ida”, lo borda, a través de una prosa afilada y cargada de sentido.

“-Todavía no sé porque nos fuimos- objetó Octavio.”

-Porque siempre hay que irse, Octavio. ¿O es que a su edad todavía no sabe que la vida es camino de ida?”

Uno, a estas alturas, sí tiene plena conciencia de que la vida se vive una vez, de que hay que disfrutarla, reivindicando un Carpe Diem aplicable a todas y cada una de las esferas de nuestra existencia. Como es la del leer. Y, por eso, conmigo no cuenten para leerme tochos infumables de literatura trascendental. A mí, recomiéndenme muchos “Caminos de ida”, por favor. Les quedaré eternamente agradecido.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
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28/04/2008 19:40 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 1 comentario.

26/02/2008

Y punto.

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Y PUNTO.
Mercedes Castro
ALFAGUARA

Hay libros que me dejan tan buen sabor de boca que esta expresión adquiere un significado literal. Sí, tal vez sea complicado explicarlo con palabras pero, en ocasiones (en contadas ocasiones, todo hay que decirlo), enfrentarme a una novela que me atrapa hace que, al final de una intensa sesión de lectura, experimente una extraña sensación en el paladar, el regusto agradable de haber quedado satisfactoriamente saciado, listo para un buen chupito de orujo blanco (nada de medianías como los de hierbas o el licor de café) como después da dar cuenta de una opípara comida. Tal es el caso de Y punto., de la escritora gallega Mercedes Castro. Una primera novela que nadie diría que lo es, pues más bien parece la obra duramente trabajada de una escritora con muchas páginas de vuelo que la respalden.

Resulta sencillo encontrar a nuestro alrededor lobos disfrazados con piel de cordero. De hecho, en estos tiempos electorales que corren, basta ver cómo muchos de ellos aparecen colgados de las farolas en cualquiera de nuestras ciudades o pueblos. En efigie publicitaria, pero colgados al fin y al cabo. Más complicado resulta lo contrario, lo del cordero que utiliza una piel de lobo para defenderse del entorno que le ha tocado vivir.

Así es la subinspectora de policía Clara Deza: mal hablada, poco sutil, más bien borde, radicalmente visceral y, sin embargo, capaz de desprender una ternura que la hace irresistible a pesar de su proverbial impertinencia. Y es que conforme la vamos conociendo nos damos cuenta de que todo eso es una pose, un mecanismo de defensa con el que debe protegerse del entorno sumamente machista en el que le ha tocado trabajar, el ambiente de una comisaría llena de viriles agentes siempre dispuestos a presumir de sus conquistas y sus hazañas aunque a veces apenas puedan evitar desmayarse ante la visión de unas gotas de sangre. Cómo no va a actuar así Clara si el primer tipo con el que se encara cada mañana es un guardia seboso al que más le valdría estar jubilado y que no deja de recordarle que no se debe llegar cuarenta minutos tarde, que treinta quizás, pero cuarenta... Eso sólo lo hacen las mujeres.

Clara vive intensamente todas sus vidas: la familiar, que comparte con un marido abogado, una suegra a la que jamás llegará a conocer a fondo y un secreto con el que no merece la pena amargar la existencia de quienes la rodean; y la laboral, rodeada de colegas que la ignoran, que la verían mejor en casa y no jugando a ser una chica dura, de jefes que la subestiman, de algunos compañeros -los menos- que la aprecian sinceramente y se sienten obligados a protegerla de las inclemencias del trabajo diario, de putas, yonquis y confidentes que demuestran más calidad y calidez que la supuesta gente de bien.

Así, a lo largo de la novela y apoyada por sus recuerdos y sus variados gustos musicales, la voz narradora y Clara Deza -mano a mano y combinando con precisión la tercera y la primera persona sin que esto suponga confusión alguna para el lector- nos irán desnudando con un contundente lirismo nada amanerado, presente continuamente en la narración, la hipócrita realidad en que no les queda más remedio que vivir... Cogidos del brazo de la protagonista patearemos sin descanso el Madrid residencial y el Madrid suburbial; sufriremos con ella sus propios miedos, querremos decirle que no siempre tiene razón, que a veces se equivoca al estar siempre a la defensiva porque no todo el mundo está contra ella; e iremos conociendo como si los hubiéramos parido a un montón de individuos a cuál más peculiar.

Porque aunque en Y punto. casi todo el peso recaiga sobre las espaldas de Clara Deza, no podemos obviar las excelentes caracterizaciones de los personajes a los que odia o ama, ya que Clara no se permite términos medios: su marido, siempre correcto aunque capaz de sorprendernos con algunos de sus arranques de genio; esa suegra de la que se puede esperar cualquier cosa; un ex novio colgado de una peluquera de barrio -no sé por qué, uno de mis personajes preferidos-; Nacho y Santi, los hombros sobre los que llorar cuando lo necesita; Culebra y Olvido, el fracaso y el éxito como las dos caras de una misma moneda; o sus superiores, Bores y Carahuevo; o las dos inclasificables panteras de Malasaña... Todos ellos al servicio de una trama criminal perfectamente engrasada que acompañará a Clara al tiempo que nos muestra su evolución personal, hasta llegar a un desenlace que deja los suficientes frentes abiertos como para confiar en que, tarde o temprano, la tendremos de nuevo entre nosotros.

Puede que a algunos lectores les asuste la idea de meterse en el cuerpo una novela de algo más de 600 páginas, pero que nadie caiga en el error de enfrentarse a ellas leyendo en diagonal -como dice la narradora que hacen muchos editores- para ir al grano sobrevolando rápidamente lo accesorio: en Y punto. no hay nada accesorio y se perderán la pasión por la Literatura que se manifiesta en cada una de las líneas, incluso, si me apuran, en cada una de las palabras sabiamente elegidas.

Una novela dura y hermosa. Descarada, pasional, amargamente divertida en ocasiones. Una novela, en suma, apta para todos los públicos: para quienes no sentimos ningún rubor al aceptar nuestra adicción por el género negro porque encontraremos en ella todos los elementos que jamás deben faltar en una novela criminal que se precie de serlo; y para aquellos que suelen mirarnos por encima del hombro por nuestro inconfesable vicio, porque les demostrará que no existen géneros menores ni mayores, sino mala o buena literatura. Y punto.

Ricardo Bosque

 

26/02/2008 11:53 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

25/02/2008

El factor Einstein

20080225141836-factoreinstein.jpgEL FACTOR EINSTEIN
Andrés Pérez Domínguez
MARTÍNEZ ROCA

¿Sabían ustedes que, antes de la Guerra Civil española, durante los tiempos de la República, se tanteó a un tal Albert Einstein para que, tras haberse exiliado de una Alemania que ya olía a nazismo y antisemitismo, se instalara en España, a través de una cátedra que se le daría en la universidad madrileña? ¿Sabían ustedes que, a resultas de esas gestiones, Einstein hizo buenas migas con algunos científicos españoles que, finalmente, también terminarían exiliados en los EE.UU.?

Pues sí. Todo ello es cierto. Y partiendo de esa anécdota, el escritor Andrés Pérez Domínguez ha construido una sólida historia titulada El factor Einstein, publicada por Martínez Roca, una novela ambiciosa, voluminosa, en la línea de los mejores libros de espías de los más reputados autores internacionales.

Porque El factor Einstein transcurre en los EE.UU. de preguerra así como en el Berlín enfebrecido con los nazis. Uno de los mejores capítulos de la novela se encuentra al principio de la misma, cuando Frida ha de encontrarse con un sujeto en un café de la capital alemana. La tensión en que transcurre la persecución y abordaje está perfectamente lograda.

Hablamos de una historia tradicional de espías, con agentes dobles, estrategias, persecuciones y asesinatos en la que el mejor papel corresponde a Frida, una Matahari de los nazis que, convencida de su misión, aún tiene resabios conservadores que la hacen desdoblar su personalidad entre la Frida científica, ilustrada e intelectual y la Frida asesina, convencida de que tiene una misión entre manos que la obligará a mentir, engañar y, llegado el caso, hasta a matar.

Pero ¿cuál es el McGuffin de la historia? ¿Qué pone en marcha a Frida y por qué un Einstein en horas bajas como científico aún tenía un importante papel que jugar en el concierto de la alta política mundial?

Una palabra, o mejor dicho, un concepto nos lo explica ya que a medida que los años treinta se ven abocados a una conflagración internacional, un mineral comienza a cobrar una importancia capital: uranio. Uranio para fabricar bombas. Unas bombas muy especiales: las bombas atómicas que pudieron ser posibles “gracias” a la famosa teoría de la relatividad de un científico genial que, en esta novela, también es una persona entrañable, cálida y cercana, a la que descubrimos en la intimidad de su exilio americano, tocando el violín, navegando en barco o haciendo gala de sus notables dotes de seductor.

Una novela de espías que, como todas las que se precian en este sector de la literatura, tiene cerca de seiscientas páginas, necesarias para contar una historia de largo alcance y amplio recorrido, con unos personajes muy bien perfilados y una atractiva trama, bien trazada y mejor resuelta.

A quien le gusten las novelas de intriga (que no negras y policíacas propiamente dichas) basadas en un periodo de la historia tan excitante como el de entreguerras, en El factor Einstein encontrará una extraordinaria novela con la que entretener las todavía largas noches de este extraño invierno que ya toca a su fin.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros
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25/02/2008 14:18 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

20/02/2008

Cartas negrocriminales

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Alguno de ustedes nos preguntaba qué significaba la referencia al Liceo y la ópera en nuestra última carta. Es el motivo fundamental que traerá a Donna Leon a Barcelona. Y como se quedará aún, el sábado en Barcelona, pues pasará por la única librería de Barcelona que no tiene escaparates pero tiene sotano.
 
Y queremos invitarles a los mejillones de cada sábado, pero con una invitada especial, muy querida por nosotros: la creadora del Comisario Guido Brunetti.
 
La chica de sus sueños, se publicará el próximo mes de Marzo. Es la nueva novela de Donna Leon. Les adjuntamos la relación cronológica de títulos, tanto en castellano como en catalán, para que ustedes revisen si les falta alguno. Y como siempre, no es preciso venir por la librería para que Donna Leon (no nos hemos olvidado del acento) les dedique un libro. Sólo tienen que decirnos a nombre de quién.
 
Y tendremos también a José Luis Ibáñez. Nunca tenemos suficientes libros. Espero que este sábado próximo haya suficientes ejemplares de Nadie debería matar en Otoño, para que no queden firmas pendientes.
 
Los buscadores de libros descatalogados, de libros y autores que no existen más que en la nostalgia, son de una pasta especial. Cuando encuentran alguno de sus libros buscados, hay un brillo especial en su mirada (el librero, que ve poco, juraría que salivan más...). Por ello en ocasiones nos entristece defraudarles. Un cliente estaba todo contento porque había encontrado un ejemplar de Matando en la sombra de S.S. Van Dine, publicado por Molino, en la Biblioteca Oro de bolsillo, allá por 1951. Tuvimos que preguntarle si ya tenía El caso Kennel, en alguna de las ediciones que se han hecho. Y decirle que no se lo llevara, que era la misma novela con diferente título. Decepción.
 
Out, Natsuo Kirino. Suburbios de Toquio. ¿Que es lo que une a Masako Katori, Yayoi Yamamoto, Yoshie Azuma, y Kuniko Jonouchi?. Hacía tiempo que no leíamos a una novelista negrocriminal japonesa. Ha corrido mucha sangre desde Masako Togawa.
 
Mala Vida reúne un conjunto de historias criminales extraídas de la mas pura y dura realidad. Una radiografía de un sector criminal en vías de extinción: los atracadores. Una raza muy singular de criminales, la mayoría, autóctonos, fraguados en base a códigos de honor tan anacrónicos como apasionantes. Tipos violentos o muy violentos. Mala Vida, es el último libro de Carles Quílez.
 
En Bolsillo de RBA ya está Resurrección, de Ian Rankin. Y la reedición, no eran fáciles de encontrar, de Casa Torcida y Las manzanas, de la "gata" Christie.
 
"Él me acusa de tener sentimientos. Me dice que soy débil y frágil, sutil, febril, casi pueril. Nada viril para mi profesión, y tendría que serlo, qué adonde va una mujer policía tan sentimental como a punto de romperse". Clara Deza, la protagonista de Y Punto, primera novela negrocriminal de Mercedes Castro.
 

Saludos negrocriminales y buena lectura

20/02/2008 08:49 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

18/01/2008

El enigma de París

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EL ENIGMA DE PARÍS

Pablo de Santis

Planeta

 

Surgió Truman Capote, como de la nada, luciendo un aparatoso abrigo de piel de conejo. Tras el apagón, la tormenta de luces de colores había descubierto su grotesca figura en un extremo de la mesa, como presidiéndola, provocando el estupor de aquellos que se habían reunido alrededor de la misma y no habían advertido su presencia. Cinco detectives -“los mejores del mundo”, apostillaba una jocosa voz en off- invitados a una mansión en pos de una prometedora sesión de cena y crimen de la que Capote sería el anfitrión.

Pocas veces el enfant terrible norteamericano abandonó el papel de dramaturgo y guionista para colocarse frente a la cámara, quizás la más recordada sea ésta, su encarnación del retorcido millonario Lionel Twain en Un cadáver a los postres.

Salvando las distancias, Pablo de Santis ha hecho en la literatura lo que el genial Capote en el cine, es decir, reunir a los más célebres representantes del oficio para ponerlos a prueba, para desmitificarlos. Se trata, por tanto, de un punto de partida no excesivamente original, pese a que la película estaba planteada como una parodia del género, y la novela de de Santis como un homenaje. Sin embargo, el autor argentino va más allá, no serán cinco sino doce los elegidos y no será una mansión perdida en el mapa sino la capital francesa el lugar del encuentro. Es el París de 1889, una ciudad agitada por la inminente inauguración de la Exposición Universal y la culminación de un proyecto faraónico, la Torre Eiffel, que acumula centenares de detractores y enemigos a los dos lados del Sena. La intención de los Doce Detectives –así se denomina la sociedad que han formado- es la de instruir al público de la Exposición sobre el oficio de investigador, haciendo públicos, por primera vez, sus métodos de trabajo y sus casos más conocidos.

Pero no se lleve el lector a engaño, no se trata de una obra coral, el peso de la narración corre a cargo de Sigmundo Salvatrio, aprendiz de detective enviado a París desde Buenos Aires por su maestro, ya inválido y decepcionado con el oficio. Salvatrio será testigo de la rivalidad existente entre los miembros de la sociedad y los recelos de los detectives por confesar sus técnicas de investigación, pero no tendrá el tiempo suficiente para instalarse en la ciudad cuando uno de los doce aparezca muerto a los pies de la Torre.

De la breve biografía que sobre de Santis se incluye en una de las solapas de la novela pueden rescatarse dos datos que quedan perfectamente reflejados en la redacción de El enigma de París. Para comenzar, su consagración al público juvenil gracias a una serie de novelas que le han valido, además, varios premios. Un trabajo que ha sabido combinar con el de guionista de historietas y cómics.

Gracias al primero, de Santis ha desarrollado una gran habilidad para describir personajes, la mayoría de ellos procedentes de un mismo estereotipo, destinados a facilitar al lector su construcción mental. Del segundo ha heredado su esteticismo, su capacidad para crear escenas visualmente atractivas y reflejar, de ese modo, la estética de la época.

Por el contrario, el escritor argentino no ha sabido dar vida a sus personajes por medio del diálogo. Quizás doce sea un número demasiado pretencioso, el caso es que ninguno de ellos posee una voz independiente, y comparten, además, el mismo discurso, profundamente contemplativo y filosófico, que acaba por saturar al lector. Asimismo, ha rechazado una de las características inherentes al guión de cómic: la brevedad y contundencia, con lo cual el desarrollo de la trama se ve entorpecido por varios pasajes, claramente prescindibles, cuya única función parece ser la de aumentar el grosor de la obra.

Sin embargo, el principal desequilibrio está en el ritmo, la novela tiene ciertos altibajos en la narración y en ellos se siente el entusiasmo de su autor. Quizás el problema se encuentra en la génesis de El enigma de París, el planteamiento de la obra como un homenaje a un género, una novela que a la vez fuera todas. De Santis creyó conseguirlo con el relato de los casos más célebres de sus personajes, claramente inspirados en los redactados por Doyle, Christie, Highsmith, Chesterton... y en los que pretende demostrar la definición de “enigma” para cada uno de ellos. El resultado es un pastiche que sí reúne todos los elementos que han hecho de la novela de intriga y de detectives de consumo adictivo (una trama bien construida, ciertas dosis de tensión entre los personajes, algún toque esotérico...), pero deriva en un conjunto recargado y empalagoso que, por momentos, parece no convencer siquiera a su propio autor.

En contraposición a ese agotamiento, de Santis pone en práctica una de sus armas más efectivas: la adicción que ejerce sobre el lector. Se vale para ello de la dosificación de las revelaciones, la creación de nuevas intrigas y muertes, y la expectación causada por la evolución de su protagonista, Sigmundo, a lo largo de la narración. Se sirve, también, de la belleza, la de su prosa algo clásica, la de sus metáforas y la de las lúcidas reflexiones de sus personajes. Pero nada de ello consigue suavizar el sabor final, más bien agridulce, de esta novela de detectives con pretensiones de intérpretes de la vida.

Á. Vicente Palazón

 

18/01/2008 09:03 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

14/01/2008

Santuario de sombras

20080109085324-santuario.jpgSantuario de sombras describe dramáticas y dolorosas anécdotas, tratando la marginalidad y el tráfico ilegal de las personas y traspasando la ficción para parecer un relato de la realidad.

La metáfora del título de esta obra: las sombras son los testimonios reales recogidos entre supervivientes que han intentado atravesar el mar hacia Estados Unidos. Se podría definir la escritura de Amir Valle de literatura humanista, durante las 200 páginas de este premio, novela criminal desgarradora y de denuncia con un narrador que interpreta vidas. Protagonizada por un policía solitario e investigador criminal, Alain Bec, y Alex Varga, intenta crear conciencia de una de las situaciones más crueles que hay en su país, este mundo siniestro que es el de los balseros, familiares de víctimas que buscan justicia por los crímenes cometidos por un grupo de traficantes sin escrúpulos; estos, los balseros, son los verdaderos protagonistas de la novela que relatan sus dramáticas anécdotas y su dolorosa perspectiva.

Una lucha que es dura y tiene momentos tremendos. El dolor de una gente cuyo único objetivo es salir de Cuba, un objetivo largamente planeado como es el exilio.

La novela tiene narradores diferentes, uno por cada personaje principal que se implica en la búsqueda de la justicia. Uno de los personajes más impactantes es Ignacio, que cree que sus tres hijos y su mujer siguen vivos; para ello Amir Valle le hace hablar en su novela Santuario de sombras en plural, pero que no es un plural mayestático sino que en la memoria de Ignacio está todavía su familia, sigue pensando que todavía viven y tendrá que morir para que puedan estar juntos.

Los que han muerto, leyendo este libro Santuario de sombras, parece que están vivos.

Hay un momento curioso en la novela en el cual Amir Valle menciona a un personaje llamado Amir Valle: ¿autohomenaje? Lo dudo, como es la primera novela que leo de Amir Valle no capto el matiz, pero reconforta leer hechos como los que ocurren en un país mitificado, muy mitificado por una izquierda europea.

No queda nada de aquel Fidel que encarnó los sueños ingenuos de los europeos.

El escribir sin miedo, sin censura, con libertad, eso sí es uno de los sueños ingenuos de muchos escritores que viven en la isla.

Conrad decía que sobre todo escribía para que la gente viera; esta novela es para que la gente vea.

Dice Amir Valle que esta novela no se hubiera podido escribir si los verdaderos protagonistas no hubieran permitido con su ayuda todo el aporte de información; es un homenaje en definitiva a todos los que han cruzado o intentado cruzar hacia Estados Unidos.

Escrito con emoción, emociona y entristece; sin embargo su escritura es sobria y para nada lacrimógena. Cuando uno escribe sobre algo tan cercano, sobre un país al que se quiere mucho, tiene que estar en una realidad paralela, porque si no cuando uno está afectado no escribe.

Escribir ficción ¿es un refugio? Hay una mirada ficticia, una mirada de la imaginación; el libro tiene verdadera vida. Aunque es su cuarta novela de la serie puede leerse independientemente.

Marta Farreras


14/01/2008 08:57 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

11/01/2008

Testigo involuntario

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Tradicionalmente siempre que en la literatura policial nos hemos referido al thriller legal hemos pensado, instintivamente, en esa pléyade de escritores anglosajones, sobre todo norteamericanos, empezando por Erle Stanley Gardner, autor del celebérrimo personaje Perry Mason, y finalizando, por ahora, en John Grisham, que han entretenido nuestras horas más mustias con intrigantes historias en las que brillantes abogados, que habitualmente se asemejan más a detectives o policías que a los anodinos y burocráticos intérpretes de las leyes con los que solemos tratar en nuestra vida cotidiana, desbaratan las acusaciones que unos policías venales o simplemente ineptos habían intentado construir en perjuicio de algún honesto ciudadano acusado injustamente de un terrible crimen.

Esas historias, normalmente, se fundamentan en dos pilares típicamente norteamericanos. Uno, ideológico, consistente en que el sistema funciona y es correcto, viéndose tan sólo distorsionado, en ocasiones, por factores estrictamente humanos, pero al final la justicia y la verdad, con la ayuda de abogados que cobran tropecientos dólares por hora, eso sí, acaban triunfando y el falso culpable es capaz de demostrar su inocencia. El segundo punto de apoyo de ese tipo de historias es, precisamente, el sistema legal norteamericano, con esas animadas vistas orales que en ocasiones parecen auténticos espectáculos que pueden dejar chiquitos a los que diariamente se representan en Broadway.

En la vieja y escéptica (a veces demasiado escéptica) Europa, por el contrario, no funcionan esos dos conceptos. Sabemos, o creemos saber con más cinismo que cordura, que el sistema, hagamos lo que hagamos, jamás va a funcionar. Y nuestros procedimientos judiciales, herederos del código napoleónico, no se prestan, quizás afortunadamente desde un punto de vista meramente legal aunque ello dificulte su plasmación literaria, a ser utilizados por los autores de género negro a la hora de pergeñar sus historias. Por eso cuando un autor europeo es capaz de escribir un thriller legal ateniéndose a la verosimilitud de su propio sistema jurídico y sin perder por ello interés la novela, nos abalanzamos sobre él como quienes se encuentran perdidos en el desierto y divisan, a lo lejos, un oasis.

Eso es lo que ocurre con Testigo involuntario, la novela que Gianrico Carofiglio ha publicado en la colección que la Editorial Umbriel tiene dedicada al género negro. En ella un abogado que acaba de separarse y está de vuelta de todo, aunque a veces dé la impresión de que no ha ido a ningún sitio, acepta encargarse de la defensa de un hombre acusado de la muerte de un niño. La acusación contra él es aparentemente muy sólida y el sistema legal, inflexible, parece haberse conjurado en su contra. Aquí no caben conejos sacados de la chistera, como en las ya citadas novelas de Perry Mason, tan sólo la fe en la inocencia del acusado, una fe dubitativa, trasunto de la escasa fe que tiene en sí mismo Guido Guerreri, el abogado, y un pesado y poco vistoso trabajo en la sombra podrán conseguir dar la vuelta a la situación y que Abdou Tima, el acusado, sea declarado inocente.

Porque es que además el acusado, su nombre lo delata, es un extranjero, un inmigrante ilegal de origen senegalés sin familia ni amigos, salvo la mujer que contrata al abogado, un paria en una opulenta ciudad mediterránea cuyos ciudadanos han olvidado, al igual que lo hemos olvidado casi todos los habitantes del sur europeo, que no hace muchos años nosotros también éramos inmigrantes e incluso clandestinos. Y ésa es otra de las virtudes de Carofiglio, que no sólo es capaz de hacer un brillante cesto con los escasos mimbres que nos proporcionan nuestros hiperreglamentistas sistemas jurídicos, sino que lo utiliza además para diseccionar con valentía uno de los males que aquejan a nuestra sociedad, cada vez más globalizada pero menos solidaria.

Eso es Testigo involuntario. Un thriller legal, sí. Un buen thriller legal, por supuesto. Pero mucho más que un thriller legal.

José Javier Abasolo


11/01/2008 08:49 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

09/01/2008

Entre la promesa del verano y el frío del invierno

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ENTRE LA PROMESA DEL VERANO Y EL FRÍO DEL INVIERNO
Leif GW Persson
Traducción de Mayte Giménez y Frida Sánchez
EDICIONES PAIDÓS. ALEA

Afronto esta novela como la última lectura del año, tal vez animado por un título sugerente para las fechas en que nos encontramos (al menos en el hemisferio norte) o porque las casi setecientas páginas que me esperan requieren más tiempo libre del habitual y el parón navideño puede ser un momento propicio.

También lo hago con ciertos prejuicios hacia el autor, al que no conozco de nada pero cuya condición de sueco no lo sitúa entre mis gustos habituales, más centrados en la novela negra mediterránea y luminosa que en la nórdica y con pocas horas de luz solar al día.

Sin embargo, estos prejuicios se desvanecen en las primeras páginas de la novela, en las que me encuentro con un lenguaje irónico propio de Chandler o Hammett y unos personajes y ambientes que, aunque evidentemente fríos por las latitudes en que se desarrolla la acción, nada tienen que ver con aquello a lo que nos han acostumbrado otros autores suecos, noruegos o finlandeses.

Entre la promesa del verano y el frío del invierno es la primera de las novelas de Leif GW Persson que integran la trilogía El declive del Estado del bienestar, que Ediciones Paidós completará con las dos siguientes entregas a lo largo de 2008. Una novela en la que no encontramos a un protagonista absoluto que cargue con el peso de la trama, sino a un grupo de individuos, integrantes de los diferentes servicios de seguridad suecos (incluidos los secretos) en abierta lucha por averiguar lo que hay detrás del suicido de un estudiante norteamericano, John P. Krassner, así como lo que se ha ocultado durante años tras su vida y la de alguno de sus familiares.

Setecientas páginas pueden dar cobijo a muchos personajes, desde los policías más honestos como Lars Johansson, Wiklander o Bo Jarnebring hasta otros menos recomendables como Bäckström o Wiijnbladh. Mención especial merecen Berg, responsable de la Policía de Seguridad y, sobre todo, Waltin, policía cuyo grado de perversión sexual le convertiría, sin duda alguna, en alumno aventajado del marqués de Sade y al que espero seguir viendo en las próximas entregas de la saga. O Forselius, un matemático alcoholizado que, en los cincuenta, desempeñó un papel importante dentro de los servicios de espionaje suecos. Y como nexo de todos estos personajes, dos figuras que aparecen continuamente como motivo central de toda la novela: el primer ministro sueco más importante de todos los tiempos (ya sea con su identidad real o con el seudónimo por el que tal vez se le conoció en los tiempos de la guerra fría) y su asesor especial de extrañas atribuciones, un tipo del que no me fiaría ni para que me ayudara en un acto tan inocente como cruzar una calle peatonal. Con tráfico, ni les cuento.

Con lo dicho hasta el momento, ya se pueden hacer ustedes una idea de por dónde van los tiros (nunca mejor dicho) de la historia. Y es que el asesinato de Olof Palme y, sobre todo, su fulgurante ascenso político y la exploración que el autor hace de una hipotética relación del Olof Palme estudiante con la CIA e incluso los servicios secretos soviéticos, están en el centro de la trama. No sólo eso, sino que tal vez esas peligrosas relaciones sean la causa de que su muerte no haya sido todavía aclarada más de veinte años después.

Esta primera parte de la trilogía se centra en los meses previos al asesinato de Palme y, mediante el uso de diferentes voces narrativas que hacen que cada uno de los protagonistas conozca parte de la trama, el lector tendrá una visión de conjunto de esta parte de la historia reciente europea, así como de las hipótesis de trabajo (quizás realistas, quizás descabelladas) que el autor plantea.

Y es precisamente la diversidad de personajes y visiones parciales de la trama lo que permite el uso de estilos o lenguajes diferentes en función de cuál sea el personaje que protagonice el episodio de turno, pasando del humor cínico de Lars Johansson al relato inquietante de Waltin, del casi costumbrismo de Bäckström y Wiijnbladh al enigma que entrevemos cuando es el asesor especial el centro de atención.

Entre la promesa del verano y el frío del invierno es una buena, densa e intensa novela en la que el autor cuestiona la pretendida neutralidad sueca y rescata del interesado olvido su apoyo al régimen nazi, así como el derrumbe de pilares básicos del estado del bienestar que fue modelo para muchos países occidentales. Y es que Suecia ya no es lo que era… o quizás nunca fue lo que nos dijeron que era.

Ricardo Bosque

09/01/2008 08:46 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 1 comentario.

11/12/2007

Visado para Shanghai

20071210185641-visadoparashangai.jpgEntre la historia que Qiu Xiaolong nos contara en Muerte de una heroína roja y esta, Visado para Shanghai, que nos llega ahora, de nuevo de manos de la editorial Almuzara en su colección Tapa Negra, ha pasado un tiempo prudencial y el inspector Chen Cao, además de seguir bien considerado por el partido de su ciudad, ha tenido que resolver un caso complicado en la ciudad de Beijing, del que en esta narración se apuntan algunas cosas, pero del que no terminamos de saber casi nada.

En Visado para Shanghai nos encontramos un caso de tráfico ilegal de personas, pero contado desde un punto de vista muy especial: ya sabemos que dicho tráfico existe. De hecho, tenemos localizado y detenido a uno de sus cabecillas, en EE.UU. Uno de los líderes de las Tríadas puede entrar en prisión, siempre que Feng testifique en su contra. Pero Feng ha puesto una condición: que su esposa Wen se reúna con él en los Estados Unidos.

Así, la agente Catherine viaja a Shanghai para acompañar a Wen a que se reúna con su marido. Una buena ocasión para una estudiante de chino de conocer de cerca el objeto de su estudio. Sólo hay un problema: Wen ha desaparecido.

Y hasta ahí podemos contar para no desvelar nada sobre la trama. Una trama que, en este caso, no resultaría especialmente complicada... si no hubiera sido porque en el Bund de Shanghai ha aparecido el cadáver de un hombre, asesinado a hachazos.

Tenemos, por tanto, al veterano inspector jefe Chen Cao, más maduro, más seguro de sí mismo, con menos dudas. Pero, en este caso, más que a investigar, le ponen como guía turístico de una funcionaria americana a la que, por un lado, no le puede pasar nada de nada. Por otro, no debe de ver según qué cosas de la China comunista posterior a los acontecimientos de Tiananmen.

Chen Cao, paciente como es él, conjugará sus labores de relaciones públicas con su olfato detectivesco, máxime porque la agente Catherine no se quiere limitar a hacer turismo por Shanghai. Así, a través de esta novela, los lectores tendremos una doble visión de la China actual: la oficial, que nos transmite el inspector, y la que es observada por los ojos escrutadores que vienen de fuera y que se lo cuestionan todo.

Y la dialéctica que se establece entre los protagonistas, por supuesto, ya que no sólo ven las cosas de forma distinta sino que sus métodos de trabajo son muy diferentes. Aunque hay cosas que les unen más allá de la investigación: la poesía.

Ya sabemos que el jefe Chen es poeta y, además, conoce muy bien la poesía tradicional de China. En este caso, su compañera está perfectamente cualificada para darle la réplica, lo que los lectores agradecemos enormemente al poder disfrutar de unos remansos de paz zen en mitad de una trama repleta de aventuras.

Porque Visado para Shanghai es más una novela a mitad de camino entre las aventuras y los viajes que puramente negra. Tiene un cierto toque a Fu Manchú, sobre todo en la resolución final del caso, que resulta de lo más ingenuo y simpático.

Una novela amable que se lee a toda velocidad y se disfruta párrafo a párrafo, paladeando las perlas poéticas con que Qiu Xiaolong va trufando su narración y que es el mejor de los guías para conocer la China de hoy, la más aparentosa y la más desconocida.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros
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11/12/2007 08:58 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 2 comentarios.

04/12/2007

Una novela de barrio

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Si no recuerdo mal, el triángulo isósceles es el que tiene dos lados iguales que descansan sobre una base cuyo lado es más corto. O algo así, que soy de letras y la Wikipedia, en cuestión de triángulos, es un follón.

¿A qué viene esto de los triángulos? ¿Quizá a que la última novela de Francisco González Ledesma tiene algo que ver con un hombre y dos mujeres o una fémina y dos tipos que se lo montan, sucesiva o alternativamente?

No. La referencia geométrica viene a cuenta de que Una novela de barrio está protagonizada por tres personajes principales. Uno es Méndez, el célebre inspector tan querido de FGL y, por supuesto, de todos sus lectores. Después, hay un tipo malo, un Leónidas/Erasmus frío, cínico y de lo más cabrón, que está realmente bien conseguido. Pero el tercer lado del triángulo viene de la mano de un tal Miralles que, de tan bueno, honrado y protector, se me ha hecho un tanto empalagoso, la verdad.

Y me da rabia no haber conectado con este Miralles, semejante en su concepción al Clint Eastwood de “En la línea de fuego”, que podría haber dado tanto juego. Y, sin embargó, me dejó demasiado frío.

La novela de González Ledesma, por tanto, galardonada con la primera edición del Premio RBA de novela negra, no llega a alcanzar la perfección de su memorable “El pecado o algo parecido”, premio Hammett de la Semana Negra del año 2003 y culmen de la narrativa de González Ledesma, pero se le acerca muy mucho.

Primero, porque Méndez sigue siendo el mismo policía de siempre, descreído, con el colmillo retorcido, ácido, sarcástico y rabiosamente independiente. Un Méndez que transita por las calles de una Barcelona que cada vez es menos suya. Un Méndez que no deja de descojonarse a costa del AVE y las comunicaciones, la novísima gastronomía catalana y sus restaurantes de súper lujo, los programas rosas de vísceras y sexo, la prohibición del tabaco o el rumbo del puterío y del periodismo del momento.

Un preciso análisis sociológico hecho a través del vitriólico humor de un Méndez que está pidiendo a gritos que le pongan su nombre a alguno de los callejones más infectos que aún queden (si quedan) en el Barrio Chino de la ciudad condal.

Y luego está el malo. Un malo al estilo de los de James Bond, un supervillano más malo que un dolor; cínico y sin remordimientos, bien adaptado a la sociedad que le acoge. Y, bueno, está ese Miralles del que antes hablábamos y del que prefiero no contar nada más.

La novela comienza con un crimen. Lógico, dado el género que estamos transitando. Pero lo curioso es que la identidad del asesino y sus motivos para serlo se conocen casi desde el principio. O, cuando menos, se intuyen. Pero da igual. Porque, como tantas veces hemos dicho, no es tan importante el quién lo hizo como el porqué. Y es en las razones, las justificaciones y las causas donde está el auténtico meollo de “Una novela de barrio” que se disfruta línea a línea, reflexión de Méndez a reflexión de Méndez.

Y, por supuesto, a través de los diálogos del propio Méndez con el Amores, un periodista en horas bajas, disertando sobre las bondades de cualquier tiempo pasado, que resultan antológicas y memorables.

Una novela negra y policíaca, un retrato de la España de ayer y de hoy que está de plena actualidad, un clarividente análisis sociológico de un país en plena transformación, pero en el que las cosas no son tan modernas como parece. Y que, por supuesto, es un más que justo y merecido premio RBA de Novela Negra, con valores intrínsecos que van más allá del homenaje a un maestro como González Ledesma.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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04/12/2007 08:43 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

22/11/2007

El Ángel Negro

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En la quinta entrega del detective Charlie “Bird” Parker, John Connolly nos adentra en un mundo más truculento y misterioso que en anteriores tramas.


Si uno quiere adentrarse rápidamente en la lectura, se tendrá que preparar y sobre todo tener mucha paciencia, ya que el autor se encargará de marear al lector, aunque agradable, de una forma desorbitada. Nos sentaremos delante de nuestro TV u ordenador y observaremos el vídeo que nos regala, bien página web u obsequio al comprar el libro, sobre su aventura en el osario de Sedlec en la República Checa.
Gran parte de todo lo que se narra en esta novela, es pura mitología, pero con pasajes reales en la historia de Europa. Los monasterios aún permanecen en pie.


Uno al acabar la lectura se sentirá inquieto y con ganas de visitar el lugar de los hechos.


Para los amantes de este autor negro sobrenatural, esta nueva aventura cambia a mi modo de pensar la lectura que nos ofrecía en anteriores entregas. Ya nadie está a salvo.


Parker es un estigma marcado de por vida, incluso para el autor; que tuvo que hacer un breve descanso y hasta este año no ha vuelto con una trama en que participe tan singular detective.


Empezaremos con “Entre guirnaldas de fuego cayeron los ángeles rebeldes”. Las dos primeras páginas nos engañarán.


Pero pronto comenzará la acción cuando Martha, tía de Louis (amigo de Parker), busca a su hija descarriada por las calles de Nueva York. Pero su hija no aparece. Aunque pregunta por los peores rincones de la ciudad, sólo recibe malas maneras y alguna que otra sorpresa.


No le queda otro remedio que acudir a Louis (protector en teoría de la chica) y que debido a las circunstancias de la vida, no pudo controlarla y vivió su vida. El asesino a sueldo favorito de todos, tras enterarse de la noticia se sume en una catarsis que pondrá toda su vida en alerta roja.


Mientras tanto, su amigo Charlie Parker sigue sufriendo los efectos agitados de su vida y ello repercute en su actual matrimonio. Se va rompiendo a pedazos.


Entre Louis, su pareja Ángel, y el propio Parker empieza la búsqueda de la chica, pero los fantasmas del pasado siguen persiguiendo a los protagonistas. Todo relacionado, todo oscuro, todo lamentable, todo distorsionado.


El riesgo constante de todos los personajes salpica la novela y la ubicuidad de los mismos genera un revoltijo emocional; en cada una de las piezas de este enigmático ajedrez nos van facilitando las pistas.
La traslación de siglos, con barbaries de todas índoles para guardar unas enigmáticas cajas metálicas que dentro guardan un trozo de vitola que servirá para encontrar un Ángel Negro.


Subastas, osarios, esculturas terribles, demonios y seres abominables dirigirán la trama en una persecución sin cuartel por toda la geografía americana y parte de la europea.


La particular visión-denuncia de los Crímenes de Juárez, el narcotráfico fronterizo, la prostitución, el proxenetismo y el tráfico de armas son una buena manera de consumir las páginas hasta el final, donde comenzó todo, Sedlec, pero cuándo...



El Ángel Negro
John Connolly
Tusquets 2007

Por José Andrés Espelt

22/11/2007 08:42 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 2 comentarios.

20/11/2007

El blues del detective inmortal

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Escribir la reseña de este libro requiere que la banda sonora adecuada suene desde las tripas de mi maltrecho portátil, para lo que es necesario irse a la última página de la novela y, separando la solapa de la contraportada, echar mano al disco de Dani Nel·lo que el libro lleva anexado.

 

Porque resulta que en esta imaginativa, fresca y divertida serie de “Asesinatos en Clave de Jazz”, al libro, le acompaña un disco. Un experimento que ha puesto en marcha la editorial Edebé, a la que hay que felicitar por esta iniciativa tan rítmica, transversal y estimulante: leer un libro que tiene banda sonora propia y cuyas canciones están directamente relacionadas con el texto.

 

Sólo por eso, El blues del detective inmortal ya se merecería nuestra atención y parabienes, pero es que, además, la novela de Andreu Martín es una gozada. Desde el arranque, con ese duelo callejero entre músicos (¿homenaje al duelo de banjos de Deliverance?), hasta el final, en que todas las piezas del puzle terminan por cuadrar, la novela se lee con el cariño de las historias sencillas, bien contadas y mejor resueltas.

 

En este caso, más allá de la trama y de la acción, los puntos fuertes del libro serían la recreación de ambientes y la consistencia de unos personajes que, de tan normales y sin el magisterio de Andreu, podrían habernos parecido insustanciales y sin carisma alguno para protagonizar una novela.

 

Hablamos de un grupo de chavales que quieren abrirse paso en el mundo de la música y de la enigmática mujer que les invita a tocar en su local, ensayando con ellos y haciéndoles crecer, musical y personalmente. Y están, por supuesto, las calles de Barcelona. Unas calles ciertas y reconocibles, contemporáneas, cosmopolitas. Calles abiertas a los vientos de una imparable globalización, pero que también mantienen vivo el sabor tradicional de la Barcelona de siempre.

 

Lo que más me gusta de las novelas de Andreu es la capacidad de empatía que desarrolla con sus personajes. Sea un asesino que sale de la cárcel, tras haber cumplido su condena (Bellísimas personas), sea el desquiciado despacho de Esqius & co. (La clave de las llaves y La monja que perdió la cabeza) o, como en este caso, unos amigos que apenas han comenzado a caminar solos por la vida.

 

Y, por supuesto, el club de jazz. Pocos espacios más adecuados para contar una historia negra y criminal que un club de jazz. Desde el célebre Cotton Club a los garitos de mala muerte de Harlem que Luis Gutiérrez Maluenda ha descrito en Música para los muertos, el escenario perfecto para una novela policíaca es un club de jazz en que el be bop suena alto mientras corre el whisky de contrabando y unos gánsteres amartillan sus pistolas.

 

Aunque los tiempos hayan cambiado, como podremos comprobar a la hora de leer El blues del detective inmortal –o cualquier periódico, que estos días nos cuentan la trama de corrupción en el Ayuntamiento de Madrid, con mordidas para la concesión de permisos y otras lindezas por el estilo– sigue habiendo mafias e historias violentas, vinculadas al urbanismo y la hostelería.

 

Una deliciosa novela para leer que, curiosamente, también se escucha. Y que nos predispone muy favorablemente para, en lo más crudo del crudo invierno, volver al espíritu de ese veraniego certamen gijonés que tanto nos gusta, de manos de Andreu y la segunda entrega de estos “Asesinatos en Clave de Jazz”: El blues de la semana más negra.

 

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

http://blogs.ideal.es/pateandoelmundo

 

20/11/2007 08:43 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 4 comentarios.

16/11/2007

Cómplices de oscuros deseos (y 2)

Por Yamilet García Zamora

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es la manera en que los asesinatos se producen. El primero es planificado con cierta astucia –aunque aparecen elementos que se van fuera de control. La manera brutal en que se ejecuta –máxime tomando en consideración que se trata de alguien con quien el asesino convive- es la muestra palpable que estamos ante la presencia de un asesino despiadado y sin escrúpulos.

 


 

Levantó el remo, como si se dispusiera a jugar con él y, en el momento en que Dickie se agachaba para quitarse los pantalones, se lo descargó sobre la cabeza… Tom se irguió y descargó un nuevo golpe, con violencia, concentrando en él toda su fuerza… Sujetando el remo con la izquierda, Tom descargó un tercer golpe sobre el lado de la cabeza de la cabeza de Dickie. El borde del remo cortó la piel y la herida se llenó enseguida de sangre. Dickie quedó tumbado en el fondo de la lancha, retorciéndose. De sus labios salió un gruñido de protesta, tan fuerte que Tom se asutó de oírlo. Tom le golpeó en el cuello, tres veces, con el canto del remo, como si éste fuera un hacha y el cuello de Dickie un árbol… Tom experimentó una fugaz sensación de fatiga mientras seguía golpeando con el remo… Tom agarró el remo como si se tratase de una bayoneta y se lo hundió en un costado… (4)

En toda esta secuencia narrativa la única emoción que trasluce el asesino es “una fugaz sensación de fatiga”. Y es que, en general, los sentimientos de Tom son extraños y ambiguos. Las verdades lo ponen nervioso, se felicita a sí mismo por las ideas que se le ocurren, se autoalaba por sus historias pero, a la vez, se odia por quién es. La personalidad de Tom no está definida –se odia y cree que sus amigos son “gentuza repugnante” ( p. 30) o “gentecilla de medio pelo” ( p. 35)-, lo que le posibilita copiar, con mayor soltura, la voz, los gestos y los gustos de Dickie. No hay ni resto de humanidad en este asesino a sangre fría, un loco sin límites a sus fechorías. Pero este análisis sólo se puede hacer una vez concluido el libro o con una gran fuerza de voluntad para alejarse de los acontecimientos, al estilo de Brecht (5). Porque cuando estamos inmersos en la trama sólo asistimos, deslumbrados, a la sublime y tétrica magia de los acontecimientos, al plan diabólico de la copia mimética de una personalidad para consumar el crimen perfecto, tan añorado por tantos escritores… y asesinos.

Le era absolutamente indiferente cenar e ir al teatro solo. Así tenía ocasión de concentrarse en su papel de Dickie Greenleaf. Partía el pan exactamente como lo hacía Dickie, se llevaba el tenedor a la boca con la izquierda, igual que Dickie, y observaba las mesas colindantes y las parejas que bailaban en la pista con tal aire de estar inmerso en un profundo y benévolo trance que el camarero, en un par de ocasiones, tuvo que hablarle dos veces para hacerse oír. (6)

Si en el primer asesinato prima la codicia y el ansia de transformarse en quien no es, el segundo es causa indirecta del primero y no hay premeditación sino cálculo rápido del asesino que teme ser descubierto, porque, en realidad, “no había tenido intenciones de matarlo” (p. 129). Pero hasta la buena estrella y las casualidades pueden revertirse. Y esto sella el destino de Freddie.

El borde del cenicero le dio en plena frente. Freddie se quedó atónito. Entonces se le doblaron las rodillas y cayó como un buey derribado por un mazazo entre los ojos. Tom cerró la puerta de un puntapié. Con el cenicero descargó un fuerte golpe en la nuca de Freddie. Luego otro, y otro, temiendo que Freddie estuviera simplemente fingiendo y que, de pronto, sus brazos le atenazasen las piernas y le derribasen. Descargó otro golpe, esta vez de refilón y sobre le cráneo, y la sangre empezó a manar. (7)

Creo que en la suerte de Tom para que no lo descubran influyen una serie de factores: su habilidad para las situaciones comprometedoras, la confianza que inspira su figura algo bobalicona, servil y hasta débil –imagen que sabe la autora plasmar muy bien a través de actitudes, gestos, conversaciones- y, definitivamente, la estupidez de la policía. No niego la magistral forma en que Patricia conduce las situaciones delicadas, la mayoría de las veces, con un juego impecable en el cambio de personalidades pero a veces es casi infantil la manera en que se engaña a la gente. ¿Cómo –me pregunto- es posible que Marge lo llame desde el vestíbulo del hotel, se trague lo del cambio de las voces, se crea que Dickie salió hace media hora y no suba? Éste es, quizás, de todos los posibles esquinazos de la novela, el menos plausible. Pero unida a la buena estrella de Tom, su inteligencia, etc., etc., hay un hecho humano con el que la autora –y el protagonista- manipulan al resto: la gente cree en lo que quiere creer, aun cuando le pongan delante todas las pruebas del mundo.

El tercer asesinato no se llega a realizar aunque sí pasa por la mente de Tom: la muerte de Marge en Venecia. Lanzarla al canal, simular una caída… quitarse a la molesta muchacha de encima. A mi modo de ver, esta muerte hubiera complicado la trama y hubiera sido ya casi imposible, por lo inverosímil de las situaciones, que no se hubiera sospechado de Tom. La autora huye de la tentación asesina porque si la concatenación de casualidades y la manipulación de situaciones y personas han sido posibles hasta esa altura de la novela, un solo paso en falso la hubiera convertido en una novela con acontecimientos improbables. Y todo se hubiera desmoronado.

¿Una buena novela? Creo que, al saber conjugar las habilidades de su protagónico con soluciones magistrales ante situaciones embarazosas y un lenguaje sencillo, con frases cortas y sin rodeos –ni éticos o morales, que hubieran vuelto más despaciosa la lectura-, la autora ha creado una novela que rompe con los cánones del “buen policía”, un hombre que busca pistas e imagina soluciones gracias a su mente brillante; el detective amante de mujeres, vinos y comidas por igual; el gourmet que dicta cátedras acerca de platos regionales o exquisitos. Porque, en A pleno sol, quien busca soluciones sugiere pistas para que no lo culpen; el único que posee una mente brillante y ama los placeres terrenales es Ripley, el asesino. Y hay que agradecer, siempre, las obras que rompen con lo establecido y nos hace cómplices de los más oscuros deseos.

Notas:

(4) Patricia Higsmith. A pleno sol. Barcelona, Editorial Anagrama, 1981, p. 95
(5) Bertolt Brecht (1898 –1956), dramaturgo y poeta alemán. Su técnica del distanciamiento propone al espectador la reflexión de lo contemplado, más que la identificación con la trama o los personajes, alejándolo de cualquier posible implicación personal o emocional con la historia. Sólo aplicando dicha técnica del teatro a esta novela se pueden sacar conclusiones más objetivas.
(6) Patricia Higsmith. A pleno sol. Ob. cit, p. 119-120.

 

16/11/2007 08:33 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 2 comentarios.

15/11/2007

Cómplices de oscuros deseos (1)

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Por Yamilet García Zamora

Una vez más, me encuentro ante el difícil asunto de definir eso que llaman “género policíaco” –hasta subgénero, para muchos- y que la crítica utiliza, a veces de manera indistinta, como sinónimo de novela negra. Y una vez más puntualizo que estamos ante la presencia del gran tema policíaco –porque género, desde mi punto de vista, es aquél que responde a los cánones de la división primera de Aristóteles (384 adC –322 adC) y sus subsecuentes ramificaciones (1). Este gran tema policíaco, también él con sus múltiples expresiones que se imbrican –policíaco social, policíaco histórico, policíaco ciencia ficción, literatura negra-policíaca, etc. etc.- es el que inicia Los crímenes de la calle Morgue (2). Básicamente, los cánones clásicos de la literatura policíaca sitúan un delito –asesinato, robo, extorsión- y la búsqueda del culpable, ya sea por un detective extraordinario o por un cuerpo de policías.


Histórica y sistemáticamente existe, sin lugar a dudas, una cercanía del término novela policíaca al subgénero novela detectivesca o de enigma y una cercanía del término novela negra al subgénero thriller. El primero conlleva la connotación de asesinato limpio, de investigación lógico-racional y de un comportamiento bien educado de los personajes; el segundo, la de violencia innecesaria, de un ambiente sórdido y de ciudades caóticas. Esas cercanías, sin embargo, no son exclusivas... La situación en las otras lenguas occidentales es, en general, un poco más fácil, aunque tampoco en ellas la terminología logre evitar siempre las confusiones. El inglés trabaja principalmente con detective novel o bien detective and mystery novel, aunque también utiliza simplemente thriller o bien hardboiled-novel; en ambos casos se toma un subgénero para referirse al género en su totalidad. El italiano y el francés tienen en común un cierto pragmatismo en la elección del término. Por cuestiones históricas, la lengua italiana dice giallo, por el color de la portada de la primera gran serie de publicaciones de este tipo de novelas en la editorial Mondadori, a partir de 1929. En Francia, el roman noir, derivado de la "Série Noire" de la editorial Gallimard, iniciado en 1945 por Marcel Duhamel(5), se estableció parcialmente como nombre genérico, aunque más a menudo para indicar obras que en inglés serían denominadas hard-boiled(6). Ambos idiomas trabajan también -el francés preferencialmente- con roman policier o romanzo poliziesco. Los investigadores que escriben en portugués normalmente se refieren al género como romance policial, pero también existe romance negro. El alemán, finalmente, consiguió algo como una unificación terminológica con su Kriminalroman o, abreviado, Krimi; las demás denominaciones como Detektivroman, Riitselroman, Thriller, Spionageroman, etc., se entienden como subdivisiones del género. (3)


En este gran mestizaje de temas y géneros por el que deambulan los asesinos y los policías resalta, casi siempre, el culto casi sacrílego por la curiosidad y la morbosidad humana. Siempre existirá el crimen, asociado o no a un problema social, una guerra, un amor imposible o un hecho histórico –ya sea en la Tierra o en otro planeta. La búsqueda, encuentro y castigo del trasgresor no es siempre infalible porque los humanos, además de violadores de leyes, somos falibles. Y la literatura policíaca se dedicó durante un buen tiempo a demostrar el triunfo de la verdad. Pero la realidad de las calles rompía estos esquemas: en la vida cotidiana, no aparecía Holmes, los asesinos escapaban y la mente de los mismos empezaba a florecer de la pluma de los autores. Porque para muchos lo más importante no es ya la pesquisa policial propiamente dicha sino saber quién es el asesino. Cuáles son sus pensamientos. Cómo es un asesino.

A PLENO SOL (EL TALENTO DE RIPLEY)

La escritora estadounidense Patricia Highsmith (1921 - 1995) es conocida mundialmente por sus obras –entre las que se destaca su novela Extraños en un tren (1950), de la que se realizó la película del mismo nombre, en 1951, dirigida por Alfred Hitchcock, con guión adaptadado por Raymond Chandler. Muchos de los críticos de su obra coinciden en que siempre estuvo preocupada por cuestiones relacionadas con la culpa, la mentira y el crimen, que más adelante serían los temas centrales en su obra. Highsmith escribió en total 22 novelas e innumerables cuentos pero su personaje más famoso fue Tom Ripley, un sicópata y sociópata sencillamente encantador. Y si en el transcurso de toda la novela el lector siente simpatía por un asesino es por la manera en que la autora logra crear al personaje. Porque, ¿quién no se sentirá identificado con un hombre tan joven, de vida tan insulsa, a quien le empezaron a gustar las cosas buenas? ¿Por qué no puede vivir bien y tener todo lo que el mundo le ha otorgado a otros? Y poco a poco, de manera sutil, empezamos a identificarnos con un loco, mentiroso profesional y asesino brutal; un hombre lleno de prejuicios, manías de grandeza y ciertas reminiscencias homosexuales que la novela sólo indica.
 

La novela es narrada desde la perspectiva de Tom. Jamás sabemos qué piensa el resto de la gente porque las ideas del asesino y sus puntos de vista es lo que la obra presenta. De esta manera, Patricia rompe con los esquemas de la llamada literatura policial clásica. Aquí no existe la visión desde la justicia en la búsqueda del asesino sino la del asesino que planea todo y se burla de la justicia. Asistimos, como lectores, a una especie de locura devoradora de páginas, que nos impulsa a saber qué más se le puede ocurrir, cómo se va a librar de las situaciones embarazosas. Somos, pues, cómplices pasivos de un cerebro brillante para urdir escapatorias. Esto, que parece inadmisible con ciertos clichés de la moral, la verdad, la justicia y el castigo merecido a los que violan las leyes, se convierte en el leif motiv de la novela. Tom es el antihéroe y A pleno sol, la antinovela policíaca.
 
Continuará
 
Notas:
 
(1) Aristóteles, filósofo griego de la antigüedad, se refiere en su obra La poética a la Lírica, Épica y Dramática, los tres grandes troncos de donde se desprenden, de manera consecuente: la poesía, elegía, sátira; cuento, novela y noveleta; tragedia, drama y comedia. Estas definiciones de género, en la posmodernidad, han derivado en otras ramificaciones o en la ruptura en la delgada línea divisoria entre los mismos y la creación de géneros híbridos: novelas que incluyen poemas o ensayos, la prosa poética, etc, etc. Por esta razón, no hablaría del género policíaco o de los subgéneros sino de temas policíacos que se insertan en el género cuento, poesía, novela. Hablar del género policíaco significaría referirse al género ciencia ficción, erótico, histórico, social –todos ellos, temas generales de una obra en específico.
(2) Escrito por Edgar Allan Poe (1809 – 1849), escritor estadounidense. Fue publicado, por primera vez, en 1841.
(3) Hubert Pöppel “La novela Policíaca en Colombia” en: http://gangsterera.free.fr/histNPColombiana.htm. Página consultada el 5 de noviembre de 2007.

 

 

15/11/2007 11:13 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

12/11/2007

Música para los muertos

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Indefinible. Novela de género clásico... ¿Parodia u homenaje? ¿Quién es Luis Gutiérrez Maluenda? ¿Puede un tipo de Barcelona empezar su novela como sigue (y no estar loco)?: “Duke Ellington me miró con expresión triste y preguntó: -¿Usted cree que puede manejar este asunto?”.

Estamos en Nueva York. Por supuesto. En Harlem. Son los oscuros años treinta post crack bursátil que siguieron a aquellos locos años veinte de lujo y desenfreno. El jazz hace furor y los garitos de música negra se llenan, todas las noches, de gente éticamente muy dudosa. Los Dizzie Gillespie, Charlie Parker & Co. están revolucionando el mundo de la música más libertaria del mundo y al famoso arreglista de Duke le están haciendo chantaje por aquello de su secreta, aunque poco discreta homosexualidad.

Mike Vinowsky -que pese a su nombre, es más aficionado al bourbon que al Rioja- es un detective prototípico: medio pelo, tendencias perdedoras, una lengua afilada como el cuchillo de un cocinero japonés, una sed etílica de proporciones bíblicas y una capacidad casi cristiana de dar y recibir. Hostias, se entiende.

Obviamente, Vinowsky tendrá que ayudar a Duke y a su arreglista con el chantaje. Y, más obviamente aún, las cosas se embrollarán bien pronto. Comenzarán a aparecer los cuerpos fríos de los cadáveres de turno y los cuerpos calientes de las niñas bien a las que la música negra y el aliento a bourbon les pone cantidad.

Y ya tenemos un noir clásico, al estilo de los pulps americanos, pero escrito por un tipo de apellidos tan escasamente anglosajones como Gutiérrez Maluenda. Y de nombre, Luis. Sin la “o” intercalada que lo acercaría a Armstrong o a Joe.

Cuando leemos que Gutiérrez Maluenda es autor de una novela titulada Putas, diamantes y cante jondo, podemos inferir que es un tipo enamorado de esa Worls Music que ya existía mucho antes de que Peter Gabriel viniese a ponerle etiqueta. Músicas calientes, músicas ardientes interpretadas por tipos que no dudan en dejarse los pulmones, soplando a través de la boquilla de un saxofón o destrozándose los dedos, desgarrando las cuerdas de la guitarra.

Música para los muertos es una estupenda novela. Corta. Lo que la hace doblemente estupenda. Una novela sin pretensiones y cuya lectura, precisamente por eso, resulta deliciosa, entrañable, ágil y divertida. Una novela escrita desde el amor por la música y el respeto a los clásicos, pero con la osadía de los valientes, la irreverencia de los heterodoxos y la libertad de los que nada tienen que callar ni que perder.

Estamos ante una novela extraordinaria que debe leerse de noche, con un buen disco de be bop sonando en la sala y bien acompañada de un vaso rebosante de buen bourbon. Una de esas novelas táctiles y robustas, de las que se pegan a las manos y de las que te reconcilian con una forma absolutamente independiente de entender la literatura. Un enorme acierto de la siempre activa y preclara editorial Tropismos.

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

http://blogs.ideal.es/pateandoelmundo


 

12/11/2007 08:53 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

09/11/2007

Motivos para matar

20071106141444-motivosparamatar.jpgDe entrada, debo reconocer mi buena predisposición hacia la novela policial italiana: los Camilleri, Todde, Lucarelli, Varesi, Vichi y otros forman parte de una lista personal que abrió, hace años, el "italiano" de Kiev Giorgio Scerbanenco. La lista la cierra, de momento, Gianni Biondillo, la última incorporación a lo que un día quise denominar "nueva scuadra azzurra".

Gianni Biondillo es el autor de Motivos para matar, novela protagonizada por el inspector Ferraro, un apellido insulso, como él mismo reconoce, pues no termina en "i" o en "a", vocales que le habrían dado otra corpulencia, otro poso de dignidad y exclusividad muy diferente. Y corriente como el apellido es su propietario, un tipo normal, nacido en un barrio de la periferia milanesa, hijo de un camionero casi siempre ausente y de una limpiadora a la que debía echar una mano mientras trataba de sacar adelante los estudios. Un individuo con un afilado sentido del humor, equilibrado en su desorden y, aunque no lo parezca, revestido de una cierta tristeza que a duras penas trata de ocultar.

Pero la verdadera protagonista de Motivos para matar es Milán, la ciudad lombarda sinónimo de moda y exquisitez, de glamour y superficialidad, pero también de delincuencia, marginalidad, arrabales cochambrosos, inmigración, supervivencia... Y solidaridad entre los más desgraciados, ya sean delincuentes de profesión o policías sin vocación como Ferraro.

La novela -cuatro relatos independientes en realidad, uno por cada una de las estaciones del año- utiliza a los habitantes de la ciudad, con representación de todos los estamentos y clases sociales que la conforman, para llevarnos de paseo por ella, tanto por el centro que muchos conocemos como por los alrededores deprimidos que nunca visitaremos como turistas. Así, a Ferraro le acompañarán sus colegas Comaschi, Gerini o Lanza (el policía más surrealista que he conocido nunca, aunque me temo que simplemente finge serlo para desesperación de quienes deben convivir a diario con él); los delincuentes o en puertas de serlo don Ciccio, Armandino o Mimmo; y, para gozo del protagonista, Luisa Donnaciva, millonaria de profesión y encantada con un apellido que cree significa "dueña de la ciudad" aunque algunos le aclaren que tal vez su traducción sea la de "mujerzuela".

Una buena primera novela con la que disfrutar desde la primera página y en la que seremos testigos de la evolución del protagonista conformen pasan las estaciones. Ah, y para los aficionados a prejuzgar y que piensan que todos los italianos son iguales, aclarar que para Ferraro, a pesar de serlo de los pies a la cabeza, la gastronomía no es su fuerte. Ni mucho menos.

Ricardo Bosque


MOTIVOS PARA MATAR
Gianni Biondillo
Traducción de Cristina Zelich
TROPISMOS


09/11/2007 09:00 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

07/11/2007

Cien dólares baby

20071031143543-ciendolaresbaby.jpgEs un acierto, provocativo para algunos, poner en circulación un libro a la antigua, y que emula a grandes maestros de la literatura negra y criminal. Robert B. Parker nunca lo ha negado y en sus obras queda patente.

 

Pero el autor, que fue seleccionado por el Club de Admiradores de Raymond Chandler para que acabara de completar la obra inconclusa de éste El Misterio de Poodle Springs, respeta las entregas anuales de sus personajes como nadie.

 

Básicamente, divide su obra literaria en las tres series de sus detectives: Spencer (35 entregas); Jesse Stone (7 entregas) y Sunny Randall (6 entregas), aparte de otras obras que intentan evadir al autor del género policíaco.

 

Cien dólares baby es la penúltima aventura del detective Spencer; en estos momentos el autor publica su última novela, Now and Then. Cuando April, una vieja amiga de aventuras, se presenta en el despacho del detective, él se niega a reconocerla. Han pasado los años y ahora ejerce de venerable y adinerada madam de lujo; negocio en el que las principales prostitutas suelen ser mujeres que, aparte de vender su cuerpo, disfrutan con él.

 

El problema que se le presenta ahora es que a ella la están extorsionando para arrebatarle tan fructífero negocio. Todo apunta a un tipo llamado Ollie DeMars, un ejemplar nada claro y que está metido en asuntos turbios relacionados con el encargo de palizas a domicilio.

 

El detective bostoniano, a pesar de que actualmente goza de una feliz vida conyugal, no duda en inmiscuirse en la vida de la susodicha antigua "amiga". A pesar de que no lo tiene claro, sus contactos lo mantendrán al tanto de todos los individuos. Así que reúne a su equipo característico para que mientras pueda investigar no se vuelvan a producir altercados en la villa.

 

El presunto extorsionador aparece asesinado, y entonces la trama se complica. Un negocio más lucrativo se esconde detrás de todo lo relacionado con su antigua cliente, April.

 

Belacqva sigue con sus orillas negras sorprendiéndonos y lo hace con un autor que basándose en los clichés de la antigua novela negra, la traslada al siglo XXI, como si estas historias fueran el reflejo de una sociedad actual y creíble.

 

Para acabar, decir que Robert B. Parker es uno de los escritores de novela negra estadounidense que goza de mayor popularidad, gracias principalmente al fenómeno "seguidor", con clubes parkerianos en varios estados americanos. Muchas de sus obras han sido llevadas a la televisión, en capítulos de series conocidas, en las que actualmente sigue colaborando.


Por José Andrés Espelt

http://crucedecables.blogspot.com/


CIEN DÓLARES BABY

Robert B. Parker

BELACQVA, LA ORILLA NEGRA

 


07/11/2007 08:38 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones No hay comentarios. Comentar.

05/11/2007

Cuando la oscuridad se cierne

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El recurso del falso culpable ha dado mucho juego en el género negro. Pese a ser un tema tópico y recurrente (en el fondo, cuando hablamos de literatura, negra, blanca o de cualquier color, ¿qué tema no lo es?) en manos de un buen escritor puede dar lugar a una novela interesante, amena, entretenida y, en ocasiones, llegar a cautivarnos de tal modo que no podemos dejar de leerla hasta el final y, posteriormente, lamentar que haya finalizado.

 

Cuando la oscuridad se cierne, del escritor norteamericano Peter Blauner, es una de esas novelas que nos atrapan casi sin darnos cuenta, y en ello tiene mucho que ver la historia, una nueva vuelta de tuerca al ya mencionado tema del falso culpable, sólo que desde un punto de vista diferente al habitual. Porque el “falso culpable” (o quizás no, hay que dejar al lector que lo descubra por sí mismo) no es un hombre que lucha agónicamente por demostrar su inocencia sino que ha cumplido ya su condena o, al menos gran parte de ella. En efecto, Julián Vega, ha pasado veinte años de su vida, desde los 17 a los 37 en la cárcel, y cuando sale, por un simple tecnicismo jurídico, no porque su inocencia haya sido reivindicada, ya no es el mismo que entró. Veinte años en la cárcel, en la edad en la que un joven se está formando y abriéndose a la vida, no sólo endurece sino que encanalla hasta límites insospechados. Y si quien entró en prisión era un joven inocente en todos los sentidos de la palabra, quien sale de ella ha dejado de serlo, con todo lo que conlleva.

 

Siempre que hay un falso culpable, las reglas del juego están meridianamente claras en lo que a este aspecto del género concierne, tiene que haber un perseguidor, alguien cuyo objetivo en la vida es amargar la vida al inocente y llevarle a prisión o al patíbulo, si es posible. Peter Blauner respeta esas reglas y nos ofrece un enemigo a la altura del puertorriqueño. Se trata Francis X. Loghlin, detective de homicidios de origen irlandés, lo que ya de por sí es una categoría en la novela criminal norteamericana, un hombre que se está quedando ciego, y que antes de ser declarado inválido quiere volver a meter en la cárcel a Vega, del que está convencido de que es culpable, aunque para ello tenga que bordear peligrosamente los límites de la legalidad.

 

Y es que una de las virtualidades del autor es, precisamente, ese enfrentamiento entre personajes alejado del maniqueo. Ni Loghlin es un policía corrupto que quiere encarcelar al joven puertorriqueño por una pulsión racista o por tallar una muesca más en su revólver, ni Vega es un hombre candoroso (quizás lo fue, pero eso desapareció con su juventud) que quiere rehacer su vida. Ambos se pasean por el filo de la navaja, convencidos de sus razones, pero plenamente conscientes también de que su triunfo marcará la humillación de su contrincante y de que ambos lucharán hasta el límite para destrozar a su oponente. El tiempo se acaba, para el policía irlandés porque su ceguera avanza poco a poco, para el acusado puertorriqueño porque las puertas de la prisión pueden volver a abrirse en cualquier momento exigiendo su regreso. Quizás los mimbres de este cesto respondan a un tópico pero con ellos Peter Blauner ha tejido una novela que en el año 2006 ganó el prestigioso Premio Edgard. Merece la pena acercarse a ella y descubrir por qué lo ganó.

 

José Javier Abasolo

 

CUANDO LA OSCURIDAD SE CIERNE

Peter Blauner

Traducción de María Otero

LA FACTORÍA DE IDEAS

 

05/11/2007 08:31 Autor: blognovelpol. Enlace permanente. Tema: Colaboraciones Hay 1 comentario.

31/10/2007

El Baño de la Cava

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Que Toledo es una ciudad espectacular, tremendamente atractiva y mágica no lo vamos a descubrir ahora. Que tiene su dosis de misterio con tantos mitos y leyenda que aún hoy no sabemos discernir de lo verdadero, tampoco es ninguna primicia, pero que de alguna forma ha cautivado a numerosos escritores contemporáneos de novela negra y otros géneros afines quizás no lo sepamos; Martínez Laínez con Tajo, Val McDermid con Asesino de sombras, Pérez Reverte con El club Dumas, o El círculo de Juanelo de Baltasar Magro son algunos de ellos.

 

Además de todos estos libros tan amenos como necesarios, entre los autores más interesantes y reconocidos que de una u otra forma han rendido tributo a la ciudad imperial debemos incluir por meritos propios a un escritor local que con El Baño de la Cava ganó en el año 2000 el Premio Felipe Trigo de Narrativa, su nombre, Alfonso Ruiz de Aguirre, autor prolífico de variados registros y trayectoria envidiable.

 

Cuenta la leyenda que Don Julián, conde de alto cargo en el norte africano, había enviado a su hija Florinda a la corte toledana, en la que sin duda podría encontrar mejores partidos y una más refinada educación. La hermosa doncella acostumbraba a bañarse al píe de aquel puente de barcas. Un buen día, Don Rodrigo, rey de los godos, descubrió el apetitoso cuerpo de Florinda y, como hombre que acostumbra a alcanzar todo lo que apetece o interesa, se dispuso a degustarlo al precio que fuera... Conseguido el festín, la joven recibiría el sobrenombre de La Cava, que traducido del árabe significa prostituta... Continúa la leyenda con una segunda parte más tenebrosa. Florinda bajaba al río a diario a llorar sus "vergüenzas", penitencia que no interrumpió hasta caer muerta de dolor en aquel mismo lugar.

 

AlfonsoRuiz de Aguirre, aprovecha el halo de misterio y enigma de esta leyenda toledana para entretejer un magnifico relato con su delicada narrativa. En plenos años sesenta una mujer cae desde el Puente de San Martín, muy cerca del llamado Baño de la Cava, mientras dos hombres contemplan la escena amparados por la oscuridad y la tonalidad de sus mantos. Lo que parece ser el final de una historia no es más que el principio de una oscura trama ideada por mentes tan perversas como oficiales sus uniformes.

 

En El Baño de la Cava encontramos un compromiso vivo con la ciudad y sus habitantes, con su mitología y la realidad de unos años grises, hay compromiso también con la historia no escrita, pero a la vez también hay riesgo, mucho riesgo al escribir sobre una mujer tachada de cava, de prostituta, por defender que su derecho a elegir no es exclusivo de los hombres o del poder, que en esta historia viene a ser lo mismo.

 

Para ello, el autor elige como narrador a cada uno de los personajes, dándoles así la oportunidad de detallar su propia sordidez, la miseria que esconden sus actos cobardes y por lo tanto humanos, convirtiendo la lectura de esta novela coral en un auténtico círculo concéntrico donde el presente y el pasado, sorprendentemente y aunque nos pese, caminan de la mano.

 

José Ramón Gómez Cabezas

 

 

EL BAÑO DE LA CAVA

Alfonso Ruiz de Aguirre

ALGAIDA 2001.

* Esta novela se alzó con el XX Premio de Novela Felipe Trigo.