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El secreto de Christine

El secreto de Christine
Hay varios modos de conocer una ciudad, en este caso Dublín, siempre en función del presupuesto de que dispongamos: a) hacer uso de una compañía aérea aunque sea de bajo coste (por ejemplo irlandesa y con una lira dibujada en la cola del avión) y reservar habitación en algún hotel de Temple Bar; b) pasar una noche bebiendo Guinness en una de las múltiples tabernas con decoración homologada que existen en casi cualquier país del mundo; c) ver por televisión alguno de los documentales que se suelen programar el 17 de marzo de cada año con motivo de la festividad de Saint Patrick; d) leer uno de los muchos libros en los que aparece la ciudad como protagonista o como lugar en el que transcurre la acción.

Un ejemplo de esta última opción, la más asequible y que menos esfuerzo físico exige, sería ese libro con título de personaje homérico del que muchos dicen que es una joya de la literatura, si bien todavía no he conocido a nadie que se lo haya metido entero entre pecho y espalda por propia voluntad. Otra posibilidad, mucho más llevadera para un lector medio es hacerse con un ejemplar de la novela que nos ocupa, El secreto de Christine, de Benjamin Black.

Benjamin Black es el revelador seudónimo elegido por un debutante en el género negro, el escritor irlandés John Banville, galardonado en 2005 con el premio Booker por su novela El mar, edición en la que fueron finalistas Zadie Smith con su obra Sobre la belleza y Julian Barnes con Arthur & George.

Quizás la trama de El secreto de Christine sea lo menos trascendente de la novela, pues cualquier lector iniciado en el género (e incluso los primerizos como el autor) descubrirá a las primeras de cambio qué hay detrás de la manipulación del expediente médico que refleja las circunstancias de la muerte de una mujer demasiado joven para fallecer de una embolia pulmonar, sobre todo cuando una segunda autopsia establece una causa del óbito muy diferente.

No, lo realmente interesante de la novela es cómo el autor aprovecha los recursos del género negro para describirnos la Irlanda de mitad del siglo XX, un país en el que las desigualdades sociales resultan atroces, con una buena parte de la población que debe recurrir a la caridad católica para sobrevivir, y unos pocos privilegiados, encerrados en su propio feudo e impregnados de religiosidad por los cuatro costados y para quienes la caridad bien entendida empieza, como se suele decir, por ellos mismos. Y un hombre, Quirke, más acostumbrado a los muertos que a los vivos, perteneciente por nacimiento a los maltratados y por adopción a los elegidos, arrastrado a conectar, aun sin pretenderlo, ambas realidades.

Hipocresía piadosa, putas, parteras clandestinas, borrachos de taberna aferrados a lo poco que les queda (en ocasiones, unas pocas monedas destinadas a la siguiente cerveza negra con la que olvidarse de la realidad), matones encargados de realizar el trabajo sucio que detestan los caballeros, la insoportable humedad del clima irlandés, complejas relaciones familiares poco acordes a lo que predica la Iglesia... Todo ello en algo menos de cuatrocientas páginas cargadas de precisas y preciosas descripciones, tanto de los personajes como de los escenarios y situaciones.

Una novela que debe leerse con calma, disfrutando del cuidado lenguaje que utiliza el autor hasta conocer el secreto que guardaba Christine y, sobre todo, el secreto que esconden los personajes de los que creíamos saber todo desde el principio.

Ricardo Bosque


EL SECRETO DE CHRISTINE
Benjamin Black
Traducción de Miguel Martínez-Lage
ALFAGUARA


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