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Muerte en Estambul de Petros Márkaris

Muerte en Estambul de Petros Márkaris

Si los agentes de Lonely-Planet hicieran bien su trabajo el último libro protagonizado por Kostas Jaritos y su inefable Adriani se lo compraríamos a ellos y no a Tusquets.

Por que las guías suelen ser difíciles de leer de un tirón. Uno busca aquí y allá lo que necesita para hacerse una visión general y luego selecciona, más por lo que le “han dicho” que por lo que pone en la guía, los sitios que quiere visitar. Normalmente terminamos visitando lo que recordó de su viaje alguno de nuestros amigos o familiares, y lo que recuerdan no suele estar concordar con lo realmente interesante si no con lo que les llama la atención.

Por eso digo que este libro es la mejor guía de Estambul, en el recorremos la ciudad, sus barrios, sus templos, el bazar conocemos sus diferentes comidas y recibimos el puntito justo de historia para saber lo que estamos mirando.

 

../ Para llegar aquí hemos recorrido una calle atestada de puestos donde fríen mejillones, luego hemos seguido recto por otra calle también atestada de establecimientos de mejillones aunque esta vez rellenos, y un poco más abajo empezaron a acariciar nuestro olfato olores a especias, a embutidos, a albóndigas picantes y mújoles, , que colgaban en las tiendas de alimentos como cuelgan las uvas de la parra. No sé que recordaré más cuando volvamos a Atenas: Santa Sofría, el Bósforo o los olores de Estambul ../”

 

Perdonad un momento pero yo tengo que ir a comer algo...

Y para guiarnos una intriga simple, una de las que le gustan al maestro Márkaris. ¿Se pueden escribir 240 páginas sobre una ciudad con la ayuda de una trama evidente desde el primer momento y un mar de relaciones humanas y que resulte interesante, ameno... ? Sin pistolas, sin masacres … asesinatos sin aspavientos. Pues si, el maestro Márkaris lo hace una y otra vez pero esta novela es la perfección de la simplicidad.

Hace años otro maestro, en otra de mis venas artísticas, miró una de mis obras, que yo le enseñaba sonriente a la espera de un merecido, digo yo, elogio, y acompañó una sonora colleja del siguiente comentario “keep it simple stupid”: mantenlo simple estúpido.

Se trata de una novela sencilla, simple, que te atrapa en pequeños detalles, de la ciudad, de la intriga, de las relaciones humanas.

Creo que a Márkaris le importa un pimiento la intriga, le veo más cercano a Marvin Harris y su “Antropología cultural” que a Henning Mankel, por mucho que la trayectoria de Mankel en los últimos tiempos tienda a las maneras de Márkaris y los mas “sociales” del género.

 

../ Para mi gran alivio, la señora Murátoglu sigue charlando con Adriani, quien, como fiel súbdita de la televisión,adora las historias, especialmente las más tristes. Yo, por el contrario, detesto visceralmente las glorias pasadas que se cuentan con dolor. Recorro con la mirada la mesas alienadas a lo largo de la calle. Están todas llenas, los comensales beben y conversan aunque produciendo la mitad del ruido que en cualquier taberna ateniense, donde generalmente no te enteras de lo que dice tu acompañante.

Aquí todos conversan en tono moderado; tanto es así que cuando suena mi móvil, lo oigo. Lo saco del bolsillo y, por enésima vez, compruebo que me he equivocado, no es el mío, cosa que me ocurre sin falta un par de veces al día. Tengo la impresión de que suena y lo saco del bolsillo, sólo para descubrir que me equivocaba. Soy consciente de que vivo con la esperanza de recibir una llamada de Katerina, pero cada vez me quedo frustrado. Desde que llegamos aquí, no ha habido ningún contacto, ni nosotros la llamamos, ni ella nos llama a nosotros. La última vez que hablamos fue cuando le comunicamos que veníamos aquí de viaje, la víspera misma de nuestra partida. La idea de decírselo en el último momento fue de Adriani que cuando enfila el camino de la amargura no lo abandona ni aunque le llegue el agua al cuello. Quería de Katerína se diera cuenta de que nos marchábamos para olvidar. ../”

 

No puedo evitarlo, cuando leo las entretelas de la triangular relación entre Jaritos, Adriani y Katerina entiendo mejor el mundo que rodea. Por que “el mundo que me rodea” no son un montón de políticos corruptos, empresarios empeñados en hacerse de oro, nuevas tecnologías, coches eléctricos, asesinos en serie, periodistas famosos e inquebrantables … no, el mundo que me rodea es el de mis vecinos, Pepe el cura del barrio y Fina su hermana, las dos parejas de jubilados del piso de encima y la flower power de mi cuñada y el bendito de Damián en el piso de debajo. Y obra tras obra Márkaris me enseña a entender esos retazos de conversación que captas en el mercado, en el ascensor... lees sus libros, crees que te olvidas de ellos y terminas sonriendo, cuando no partiéndote de risa tu solo, al escuchar una conversación a tu lado.

Mi mujer no es una lectora asidua de novela, aún así cometí la torpeza de pasarle el libro para que leyera unos párrafos del principio mientras esperábamos en la consulta del oncólogo. El resultado es que me tiré la siguiente media hora mirando las musarañas mientras ella devoraba el libro.

Total, un asesino/a al que jamas le hubieran acertado un perfil en Quantico, un método archiconocido en los países costeros del mediterráneo desde Lucrecia Borjia hasta nuestros tiempos. Una trama y un libro real como la vida misma. Sin aspavientos. Verde pistacho. Y un final dulcecito... ¡mierda se me escapó!

El maestro escribe como hablan los viejos, rellenando historias simples con cosas importantes. Como me hubiera contado mi abuelo sus historias ... si lo hubiera conocido.

                                                    Seguro.

......

Por Víctor Romero Fernández

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