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La idea es seguir por Lorenzo Lunar

La idea es seguir por Lorenzo Lunar

(Entrevista a Álvaro Castillo Granada en el X aniversario de San Librario)

Hace diez años yo era librero. Tenía una pequeña “librería” de raros y de uso que por un tiempo estuvo anclada en la puerta de la Casa del Joven Creador de Santa Clara. Un sábado llegó un comprador, tenía acento de alguna parte de Suramérica. Era un joven de pelo escaso y llevaba más de una decena de pulsos en la muñeca. Compró algunos libros y me trató de colega.

Un par de años después, en una lista de opinión sobre novela policial, conocí “virtualmente” a un colombiano con nombre español castizo y que junto al catalán Paco Camarasa y yo completaba la triada de libreros del foro.

Cuando Álvaro Castillo Granada volvió a Cuba a fines de ese año, creo que era el 2003, vino a visitarnos a Santa Clara. Aquella noche, entre buches de “tinto”, así le llaman al buen café los colombianos, y tragos de ron, recordamos aquel primer encuentro casual, en mi “librería” del boulevard de Santa Clara.

Desde que tengo memoria siempre quise ser librero. Las librerías eran para mí una especie de paraíso donde podía hacer realidad mis sueños de explorador: podía encontrar cualquier cosa. Además de ser, también, el refugio ideal para un niño desbordado de timidez. Pensaba que si me gustaban tanto los libros y me encantaba leer podía dedicarme a venderlos. Esa fue la primera idea. Empecé a trabajar en la librería “Enviado Especial Libros”, de Bogotá, el 30 de noviembre de 1988. Iba a ser solo por la temporada navideña. Ya llevo veinte años en el oficio... Al comienzo mi timidez e inexperiencia no me permitían prestar un buen servicio (esto es lo que es un librero: tiene la misión de acercar los libros a los lectores. Propiciar el encuentro). Poco a poco fui aprendiendo y transformándome en el librero que quería ser. El que jamás había encontrado. Descubrí mi misión. En esa librería estuve 7 años. Después 3 en “Norma Ramos Libros” hasta que, en 1998, después de quedar desempleado, con tres amigos creamos “San Librario Libros”, una librería de libros usados.

Aquella era la sexta, o séptima visita de Álvaro a Cuba. Él prefiere no contarlas. Es que la relación de Álvaro con esta isla es de esos amores que no necesitan contar aniversarios ni recordar fechas. Él prefiere medir su amor por Cuba por la cantidad de amigos que acumula acá: Betania, Miguelito, Rolando, Roberto, Adelaida, Yannis, Daily, Yalidis, Rubén, Pito, Johanna…

Las primeras razones que me acercaron a Cuba fueron políticas. Siempre he sido un hombre de izquierda. Desde niño Cuba se mostraba como un ideal y ejemplo a seguir, admirar y apoyar. Primero leí sobre su historia. La presencia del Che ha sido constante en mi vida desde entonces. Poco a poco me fui acercando a su literatura y descubrí un océano inmenso. Pude venir por primera vez en abril de 1995. Desde ese momento me enamoré de su pueblo, de su gente. He encontrado aquí amigos y amigas entrañables que se han transformado en mi familia. En Cuba me siento en mi casa. Su literatura, además, es una de las más ricas, variadas y fuertes del mundo. Estoy leyendo y estudiando todo el tiempo sobre Cuba. Intentando entender, comprender. Esta isla, su gente, mis hermanos, se ha convertido en mi segunda patria. Desde entonces no he dejado de venir por lo menos una vez al año. Ya perdí la cuenta del número de viajes. Sé que son más de veinte.

Cuando se conversa con Álvaro es imposible dejar de hablar de libros. Álvaro es un librero inconforme. No solo los vende, también los atesora y colecciona. Edita y publica. En la actualidad San Librario es algo más que una librería de usados, es también un llamativo proyecto editorial.

Todo nació de las ganas de homenajear a mi amigo y socio de la librería, Camilo Delgado. Él había escrito un libro de poemas (Mis amigos) en los años ochenta que permanecía inédito. Yo lo había leído. Un día otro amigo, Alfredo Angulo, me mostró un "librito" que había hecho para rendirle homenaje a sus amigos de la universidad. Inmediatamente sonreí: esa era la manera de homenajear a Camilo. Hicimos una edición de 50 ejemplares. El día que se lo entregamos estaba con nosotros el poeta Álvaro Rodríguez Torres. Su primer libro, Recordándole a Carroll, no había sido reeditado desde 1981. Lo miré y le propuse hacerlo. Me dijo inmediatamente que sí. Eso fue en el 2003. Desde entonces ya hemos publicado 28 libros. Las librerías de libros usados, para mí, son un espacio de amistad, libertad y posibilidad. Del mismo modo una editorial ajena a los circuitos del mercado. Hemos publicado, hasta el momento, poesía, cuento y una noveleta. De colombianos el proyecto se fue ampliando a autores cubanos (y una española). Tenemos varias colecciones: “Sin carátula” (colombianos), “Sin ausencia” (extranjeros), “Sin cuento” (cuentistas) y una serie especial de otro formato llamada “Sin otros”.

Cuando estábamos en la creación de la librería nos pusimos a la búsqueda de un nombre. Por esos días yo había visto una película del finlandés Aki Kaurismaki que me encantó: Nubes pasajeras. Un grupo de ex-empleados de un restaurante deciden abrir el suyo. Lo llaman “Trabajo”. Así yo quería ponerle a la librería. Por suerte no me hicieron caso. Ya no recuerdo quién fue el que llevó el nombre (no fui yo). Fue aprobado por unanimidad. San Librario, el santo de los libros, un santo laico que no está en el santoral.

Más de un autor cubano ha publicado en la serie “Sin Ausencia”. Primero fueron textos de poesía. En estos momentos la narrativa breve también se incorpora al catálogo de la exquisita editorial.

Hasta el momento hemos publicado: ¿Y Fernández? y otros poemas, de Roberto Fernández Retamar, Arte del eremita y otros poemas, de Antón Arrufat, El muro blanco, de Rubén Artiles Egües, La aguja con que hilvano estos poemas, de Marilyn Bobes, El esclavo y la palabra, de Rebeca Murga, El reino del abuelo, de Fefé de Diego y Como una sucesión de azares y otros poemas de amor, Miguel Barnet.

Pero Álvaro Castillo Granada tiene otra gran obsesión. Otro gran amor que compite con San Librario y con su espíritu itinerante: Pablo.

Pablo Neruda está presente en mi vida desde cuando a los doce años de edad leí por primera vez su libro de memorias Confieso que he vivido. Ese libro fue mi cofre del tesoro: a partir de su lectura se desataron en mí unas ansias de conocer, amar, aprender y ver infinitas. Desde entonces me apasioné por su obra y el estudio de su vida. Siempre quise escribir sobre él. Descubrí que tenía que explorar lo inexplorado hasta el momento: su presencia en Colombia. Desde hace casi veinte años estoy en esa investigación. He encontrado cosas maravillosas y sorprendentes. El sumergirme durante tantos años en un  tema me ha dado rigor en la búsqueda de la verdad. La investigación es apasionante. Trato de llegar a ella sin prejuicios: me interesa saber lo que fue y cómo fue.

Investigar sobre la vida y obra del poeta chileno ha llevado a Álvaro es escribir un libro: De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau. Aventura en la que se ha hecho acompañar de decenas de amigos y colaboradores en Colombia, Chile y Cuba. Un libro raro y sublime. Investigación. Testimonio. Periodismo. ¿Novela?

En medio de esa investigación me encontré con una noticia: un colombiano, Félix Raffán Gómez, acusó en 1943 a Pablo Neruda de haber plagiado su poema “Farewell” de José Santos Chocano y Miguel Ángel Macau. La noticia me causó curiosidad. Y más cuando comencé a investigar y me encontré con que no había tal. Durante cuatro años realicé esta investigación. Fue un proceso largo, de muchísimas versiones que cansaron a mis amigos lectores, hasta que encontré la forma de contar y mostrar la historia. Es una investigación que no tiene fin.

Un proceso largo. Una investigación que no tiene fin. Una obsesión que se sustenta sobre sus otras obsesiones. Un amor que se alimenta de sus otros amores; de toda la pasión que imprime Álvaro Castillo a cuanto proyecto emprende. Se avizoran nuevas colecciones en San Librario. También nuevos viajes siempre buscando nuevas pistas del paso del autor de “Farewell” por estas tierras.

En esas estoy, como dije, desde hace más de veinte años. El libro se llama Esta es Colombia, Pablo. Los años colombianos de Pablo Neruda 1943-1968. Son tres tomos y ya voy en la página 1570. Espero algún día terminar. Aunque, realmente no tengo muchas ganas ni afán: es tan maravilloso investigar…

Soy una persona que sueña y vive día a día, que intenta siempre hacer realidad sus sueños. Hay una frase de Lenin que siempre me acompaña: “Hay que soñar, pero a condición de creer seriamente en nuestro sueño, de examinar con atención la vida real, de confrontar nuestras observaciones con nuestro sueño, de realizar escrupulosamente nuestra fantasía”. Lo que quiero es que el coche de San Librario siga rodando y andando, recorriendo cada vez nuevas tierras, llevando sus libros a donde los requieran. La idea es seguir.

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PD. La foto es del culpable actual de llevar el blog, y demuestra lo que es capaz de hacer Lorenzo con una cámara de fotos --peligrosísimo--

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