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Motivos para matar

Motivos para matar De entrada, debo reconocer mi buena predisposición hacia la novela policial italiana: los Camilleri, Todde, Lucarelli, Varesi, Vichi y otros forman parte de una lista personal que abrió, hace años, el "italiano" de Kiev Giorgio Scerbanenco. La lista la cierra, de momento, Gianni Biondillo, la última incorporación a lo que un día quise denominar "nueva scuadra azzurra".

Gianni Biondillo es el autor de Motivos para matar, novela protagonizada por el inspector Ferraro, un apellido insulso, como él mismo reconoce, pues no termina en "i" o en "a", vocales que le habrían dado otra corpulencia, otro poso de dignidad y exclusividad muy diferente. Y corriente como el apellido es su propietario, un tipo normal, nacido en un barrio de la periferia milanesa, hijo de un camionero casi siempre ausente y de una limpiadora a la que debía echar una mano mientras trataba de sacar adelante los estudios. Un individuo con un afilado sentido del humor, equilibrado en su desorden y, aunque no lo parezca, revestido de una cierta tristeza que a duras penas trata de ocultar.

Pero la verdadera protagonista de Motivos para matar es Milán, la ciudad lombarda sinónimo de moda y exquisitez, de glamour y superficialidad, pero también de delincuencia, marginalidad, arrabales cochambrosos, inmigración, supervivencia... Y solidaridad entre los más desgraciados, ya sean delincuentes de profesión o policías sin vocación como Ferraro.

La novela -cuatro relatos independientes en realidad, uno por cada una de las estaciones del año- utiliza a los habitantes de la ciudad, con representación de todos los estamentos y clases sociales que la conforman, para llevarnos de paseo por ella, tanto por el centro que muchos conocemos como por los alrededores deprimidos que nunca visitaremos como turistas. Así, a Ferraro le acompañarán sus colegas Comaschi, Gerini o Lanza (el policía más surrealista que he conocido nunca, aunque me temo que simplemente finge serlo para desesperación de quienes deben convivir a diario con él); los delincuentes o en puertas de serlo don Ciccio, Armandino o Mimmo; y, para gozo del protagonista, Luisa Donnaciva, millonaria de profesión y encantada con un apellido que cree significa "dueña de la ciudad" aunque algunos le aclaren que tal vez su traducción sea la de "mujerzuela".

Una buena primera novela con la que disfrutar desde la primera página y en la que seremos testigos de la evolución del protagonista conformen pasan las estaciones. Ah, y para los aficionados a prejuzgar y que piensan que todos los italianos son iguales, aclarar que para Ferraro, a pesar de serlo de los pies a la cabeza, la gastronomía no es su fuerte. Ni mucho menos.

Ricardo Bosque


MOTIVOS PARA MATAR
Gianni Biondillo
Traducción de Cristina Zelich
TROPISMOS


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