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CHOCOLATE CON VENENO Por Irrene Carracedo Gil

Francisco, un joven escritor, es abordado un día por una mujer mayor, Etelvina, con la intención de relatarle una historia, su historia.

 

Chocolate con veneno es una historia que se despliega en tres tiempos; conducida por la voz protagónica de Etelvina; mediante la investigación del inspector Calatrava en relación a la desaparición de Tomás, marido de Etelvina y la última, la que se remonta al origen de la protagonista y su entorno, el pueblo de Alcornocales a 200 km. de Badajoz.

 

A través de las palabras de Etelvina, el lector se adentra en su universo rural con secretos y silencios encerrados tras las puertas y ventanas de los hogares, celosamente custodiados por sus mujeres o debiéramos precisar, sus víctimas.

 

Ésas son cosas habituales en los pueblos. El hombre manda y la mujer obedece; muchas veces después de haber recibío lo suyo. Aquí es rara la que no duerme caliente. Nuestros hombres tiran de mano un día sí y otro también, con razón y sin ella, (…)”. (p.200).

 

Nos referimos al maltrato, como agresión legitimada por el derecho que otorgan unos mal entendidos votos maritales, donde obediencia y sumisión se convierten en el kid de supervivencia de la mujer, aunque esta prefiera morir que aceptar la realidad.

 

Respetuoso con una problemática que a pesar de las leyes y reformas sigue coleccionando víctimas año tras año, Vaquerizo no pretende moralizar, sino acercar-se (nos) al terror que paraliza y congela cualquier tentativa.

 

Esta situación, vista desde fuera, parece fácilmente solucionable: una sale a correr, y listo; pero cuando se lleva dentro toda una vida, soportando a diario que te digan, mañana, tarde y noche, que eres una inútil, una guarra, una torpe, mala como tu padre, puta como tu madre, loca y mentirosa como tu hermana, roñosa como tu abuela, sinvergüenza como tu abuelo…, y por si fuera poco amenazándote, supongo que no se puede evitar que el canguelo te se instale en el alma (…). (p.210-211).

 

Indaga en posibles explicaciones, amor reconvertido en Síndrome de Estocolmo o migajas de caricias en golpes:

 

 Así ha sucedío una y otra vez. Por razones que a este paso me moriré sin comprender, ella lo ha perdonao siempre, y él la ha vuelto a conquistar con la promesa de que no pasará  más” (p.219). “De pronto Tomás me faltaba; era mi amor, pero también mi verdugo” (p.335).

 

Pero el autor, no pretende cargar las tintas en los verdugos, o no toda, porque no es posible obviar una cultura que castiga cualquier muestra de debilidad, donde autoridad y respeto son sinónimos de hombría.

 

“(…) incapaz de resolver la situación de otra forma que con violencia, como había mamado en su propia casa y le habían enseñado: ante determinadas tesituras un hombre tiene que reaccionar como tal, dejando claro quién manda y que a él no se le reta, poniendo los huevos sobre la mesa y sin  atender a razones (…)”. (p.46)

 

La historia que nos presenta Vaquerizo nos es tristemente familiar: mujer joven enamorada y maltratada casi a los inicios de su matrimonio hasta la extraña desaparición de su marido. Pero quedarnos en esta descripción no sería hacerle justicia al autor que construye unos personajes entrañables en la tata o la amiga, fuertes figuras femeninas que sirven de contrapunto a Etelvina. También merecen atención los variados hombres y mujeres que pueblan las páginas y que nos transportan a unas costumbres muy bien recreadas, como el chismorreo, el ambiente de la taberna, el valor de la virginidad o la misma comida. Porque, hemos de señalar que Vaquerizo tiene una habilidad especial para hacernos la boca agua, propia de aquél que ama la buena mesa:

 

Cucha, ¿de verdad no ha oído usted hablar de ellos? (los tres hermanitos) ¡Pachasco! Son las patatas, el arroz y el bacalao. Por separao no es que sean gran cosa, pa qué nos vamos a engañar, pero juntos se convierten en una bomba, y no engordan”. (…) “Como a pesar de su delicada contundencia el guiso era bastante ligero, el inspector Calatrava se atrevió además con las natillas de huevo (…) un cuenco enorme de crema amarillenta en la que flotaban un par de galletas de apariencia casera y, como tropezones, varios bolos de clara montada con azúcar, de un blanco impoluto. Cuando hundió la cuchara, efluvios imprevistos de vainilla y canela, que acabarían dejando un regusto voluptuoso en sus papilas, lo invadieron, predisponiéndolo para disfrutar en toda su dimensión la densidad, textura y exquisitez de aquel milagro de la naturaleza (…)” (p.299).

 

Los personajes excepcionalmente bondadosos contrastan en exceso, tal vez porque la lectura de muchas novelas de género nos hace más proclive a aceptar el cinismo estereotipado que la bondad por excelencia. Sea lo que sea, la cuestión es que no acabas de creerte algunas evoluciones en la historia, resultando en determinados momentos algo rebuscado.

 

A pesar de ello, la novela guarda suficientes elementos para mantener la atención del lector/a a la espera de la resolución: maltrato, una desaparición, una investigación, el pueblo de Alcornocales,…. Y por supuesto, con su toque de veneno.

 

 CHOCOLATE CON VENENO

 Desiderio Vaquerizo
 Editorial Berenice 2009

 

 

 

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