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SALANDER EN CLAVE PSICOLOGICA Por Irene Carracedo Gil

SALANDER EN CLAVE PSICOLOGICA Por Irene Carracedo Gil

Mucho se ha dicho y escrito sobre la trilogía Millenium de Stieg Larson, así que el objetivo no es hacer referencia a las bondades de la obra, sin duda muy bien reseñadas en las numerosas aportaciones que se pueden encontrar por Internet o a las inevitables críticas, sino cubrir un sorprendente vacío en Novelpol -que hasta la fecha apenas se ha pronunciado al respecto- y darle una interpretación más psicológica al fenómeno.

 

Ya provista de una visión de conjunto gracias a la lectura de las tres noveles, creo que podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos que ha nacido una nueva heroína que ha venido para quedarse: Lisbeth Salander.

 

Dibujar el perfil de Salander resulta un poco complicado –no olvidemos que su colaboración con las instituciones para la elaboración de un diagnóstico es nula- pero vamos a contrastar las diferentes aportaciones que de ella se ha hecho.

 

Lisbeth ha nacido en un hogar desestructurado, testigo del maltrato que su padre infligía de forma sistemática a su madre hasta provocarle una lesión cerebral irrecuperable. El personal código moral de Salander niña: “ojo por ojo”, tendrá su eclosión al impregnar a su progenitor de gasolina y prenderle fuego. Esta acción determinará el particular código moral que a partir de este momento acompañará en sus decisiones: análisis de consecuencias.

 

Considerada una psicópata en potencia, Lisbeth cumplirá los trece años confinada durante 786 días en una institución psiquiátrica, donde la particular terapia del sádico médico jefe consistirá en mantenerla atada e inmovilizada en un entorno libre de estímulos sensoriales durante 381 días de su corta existencia.

 

No olvidemos que las personas debemos nuestro desarrollo cognitivo y conductual a la interacción que hacemos con el entorno, privados de estímulos, nuestra capacidad evolutiva se ve absolutamente limitada –incluso atrofiada- como así se demostró en los niños encerrados en orfelinatos o en un caso más actual en los presos encerrados en la cárcel de Guantánamo. Es inevitable el rastro de alguna secuela, aunque en el caso de Lisbeth nos lo camuflen mediante un férreo autocontrol.

 

A partir de este momento, se sucederán una serie de hogares de acogida en la vida de Lisbeth hasta ser asignada a un tutor legal que velará por sus intereses y con quién alcanzará un cierto grado de tolerancia.

 

De Salander sabemos que tiene el síndrome de Asperger. ¿En qué consiste este síndrome? Quién lo padece tiene una total carencia de empatía –capacidad para identificar los estados emocionales ajenos y hacerse partícipes de éstos-. De hecho provoca serias dificultades de índole social por carecer de los recursos para interpretar las sutilezas verbales y no verbales de la interacción personal, lo que ocasiona no poca confusión en el paciente por su incapacidad manifiesta en identificar dónde se equivoca cuando su respuesta no corresponde a lo socialmente aceptable. Para Salander tenemos sus hoscos silencios, su fría contemplación de los secretos o debilidades ajenas.

 

Las personas que se ven afectadas por el síndrome presentan respuestas específicas ejemplificadas en una especial obsesión por determinados temas. Recordemos que Salander muestra cierta fijación por los números, quedando atrapada por problemas matemáticos no resueltos. Esto que en apariencia nos construye –a nivel literario- un personaje superdotado, en realidad las últimas investigaciones muestran que las personas afectadas de Aspaerger no presentan un C.I. superior, aunque destacan por manifestar un razonamiento extremadamente refinado, una elevada concentración y una memoria casi perfecta. En la novela sin embargo, esta cuestión nos viene resuelta mediante una inteligencia sobresaliente que hace de la protagonista –porque no nos engañemos, es el personaje alrededor del cual gira toda la trama- prácticamente una supermujer, medio humana, medio máquina.

 

A la vista de lo señalado ¿cómo es Lisbeth?, ¿cómo es posible seguir adelante con la carga que le ha tocado vivir en su corta vida?

 

Pepe Ribas en el suplemento de La Vanguardia (17/06/09) la señala como resiliente “porque posee una fría comprensión y aceptación de la realidad, porque siempre toca de pies en el suelo; porque cree que sobrevivir implica mantener unos valores morales inviolables; porque en medio del infortunio, improvisa una extraña y misteriosa sabiduría en informática, de la que se hace adicta”.

 

Efectivamente, podríamos decir que Lisbeht es una superviviente, porque tiene la capacidad suficiente o los recursos necesarios para sobreponerse a los infortunios que le ha deparado la vida, tanto es así que parece recubierta de una armadura que hiciera de ella alguien una capacidad sobrenatural para enfrentarse a cualquier situación, por muy traumática que pudiera ser.

 

Porque, no nos engañemos, pocas son las mujeres que son capaces de regresar a la casa de su violador y aplicarle de forma metódica y fría su propia medicina, así como asegurarse de que le quede una marca imborrable y simbólica de cómo se las gasta y la medida de su respuesta. Porque ella va en serio, muy en serio. Desconoce lo que es el victimismo y ha optado por aplicar su propio código moral ante situaciones que escapan a cualquier control.

 

Su personal visión de cómo han de ser las cosas nos dice mucho de ella. De hecho, en una sociedad en crisis de valores, nos encontramos con una protagonista que defiende su propia marca de conducta: si la haces, la pagas; a la policía o cualquier institución en general ninguna colaboración; desconfiar de todo y todos; investigar a cualquiera que le genere alguna curiosidad indagando las intimidades;... De hecho su comportamiento se encuadra en cierta ambivalencia psicopática, con una tendencia sexual abierta, libre de compromisos, sin implicación o pasión, hasta lógicamente conocer a Blomkvist. Pero éste, que también tiene su personal forma de relacionarse con las mujeres no cumple con las expectativas de Lisbeth, provocando de esta un rencoroso silencio que da indicios de una inmadurez emocional.

 

Salander resulta uno de los personajes más atractivos de Milenium. Un físico menudo y engañosamente frágil, una vengadora, una nueva Red Sonja, guerrera y combativa, que no le tiene miedo a nada, porque difícilmente evidencia algún tipo de respuesta emocional. Y tal vez aquí radique su misterio, tener bajo control las emociones y mantener la sangre fría. Dejemos pasar el tiempo y sin duda comprobaremos, como las modas tienden a perpetuar, que este es el inicio de un nuevo modelo.

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